Meza de Redacción

Las candidatas y la paridad

En las elecciones federales y estatales de junio próximo se disputarán un total de 2 mil 159 cargos de representación popular, ya que se renovará la totalidad de las 500 curules de la Cámara de Diputados, nueve gubernaturas, 641 diputaciones locales en 17 entidades, 993 alcaldías en 16 estados, y las 16 jefaturas delegaciones en el Distrito Federal. En teoría, los resultados de dichas elecciones podrían garantizar que la mitad de estos cargos sea ocupada por mujeres, pero sólo en teoría.

Con la entrada en vigor de la reforma el artículo 41 constitucional, y la expedición de las leyes generales de Partidos Políticos y de Instituciones y Procedimientos Electorales, dichos institutos están obligados a reservar 50 por ciento de sus candidaturas para mujeres. Por estos días, sabremos si esta reforma político-electoral es en serio, o se trata sólo de una estrategia demagógica más para fingir que se trabaja por los derechos de las mujeres.

Además de la paridad, las normas ahora establecen que los partidos deben hacer públicos sus criterios de selección, y prohíben que asignen sus postulaciones femeninas exclusivamente en distritos electorales donde perdieron en comicios anteriores.

A diferencia de otros ejercicios político electorales en donde el machismo partidista ha visto cómo le hace para negar espacios a las mujeres, en esta ocasión no sólo las activistas estamos pendientes del proceso electoral que recién inició, sino que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), el Instituto Nacional Electoral (INE) y el Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres) pusieron en marcha el Observatorio de la Participación Política de las Mujeres.

Estas tres instituciones dicen que su Observatorio es “un proyecto para identificar los obstáculos y desafíos de la participación femenina en las elecciones, revisar el papel de los medios de comunicación en la promoción de las candidaturas femeninas, y analizar la violencia política contra las abanderadas”.

Si bien la paridad es un logro incuestionable, ya antes hemos visto estrategias tan bajas como la de las “juanitas”, en donde los hombres que iban en las suplencias subían prácticamente desde el inicio de las legislaturas, tras la “renuncia voluntaria” de las mujeres titulares. Hoy eso ya no es permitido por la ley, pero los hombres que han promovido estas deleznables estrategias, y las mujeres que se prestaron a ellas, siguen militando en sus partidos políticos, así que de ninguna manera se echarán campanas al vuelo.

Más aún, la paridad es un avance enorme, pero por sí misma no garantiza que todas las mexicanas resultaremos beneficiadas teniendo la mitad de congresistas mujeres.

Suponiendo que los partidos políticos sí respeten la paridad, pero postulen a mujeres que no tienen compromiso con el avance de todas las demás, que candidateen a mujeres misóginas que se benefician con la lucha de todas (gracias a la cual se logró la paridad y ellas llegan a los puestos de poder), para luego respaldar proyectos legislativos que van en contra de los derechos humanos de las mujeres. Las políticas que lleguen a los puestos de poder deberán tener conciencia de género, de lo contrario, poco habrá servido la batalla por los espacios paritarios.

La política de las mujeres es diferente a la de los hombres, no por naturaleza, sino por la manera en que hemos sida educadas. En una investigación realizada en 2013 por la organización “Gente diversa” se obtuvo como resultado que en México las mujeres hacen campañas con modelos distintos a los hombres, porque ellas se promueven a “ras de tierra”, mantienen cercanía con el electorado, con la población femenina, la juventud, con redes de amigas y amigos, y cuentan con limitados recursos económicos y materiales. Aun cuando la rivalidad entre mujeres es un pesado lastre que todavía no logramos vencer, las campañas suelen ser menos violentas cuando son mujeres quienes contienden.

La paridad está aquí y por fortuna es inevitable, al menos para estos comicios. Es muy probable que los partidos cumplan con las leyes electorales, sobre todo porque el INE estará vigilante del registro de candidaturas, sin embargo, no todos los partidos lo harán por convicción. Recordemos el botón de muestra de las elecciones de 2012 cuando los líderes de los partidos de la Revolución Democrática (PRD), Acción Nacional (PAN) y Revolucionario Institucional (PRI) se quejaron ante el entonces Instituto Federal Electoral (IFE) y el TEPJF, al señalar que no podían cumplir con la cuota de género, que entonces estipulada al menos 40 por ciento de candidatas, porque argumentaban que sus militantes femeninas “no cubrían con el perfil” (como si todos sus militantes hombres fueran un dechado de virtudes y capacidades políticas)

Por lo anterior, no sorprenderá que el machismo de las dirigencias partidistas presente una mayor exigencia con el perfil de las mujeres, que con el de los hombres.

Estos machismos particulares, poco visibles y muy difíciles de erradicar aun con la ley de nuestro lado, son los que en los próximos meses nos dejarán ver campañas con recursos económicos más limitados para las candidatas que para los candidatos, así como campañas de desprestigio contra las candidatas, más basadas en la vida privada y la sexualidad, que en el desempeño político. Estaremos pendientes.

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