Meza de Redacción

La Virreina y las indígenas

“La jauría entrenada por siglos para mantenernos en la servidumbre y en la sumisión lentamente se desmorona, mientras nosotros proclamamos que tu inmolación será la piedra fundamental con la que edificaremos nuestro gobierno”

Este fragmento del “Canto indígena a la muerte de Bartolina Sisa”, cuenta la lucha y asesinato de la primera Virreina en América. Hace 232 años, la guerrera indígena Bartolina Sisa encabezó un gran ejército contra el dominio colonialista español en diversos territorios que hoy integran Bolivia y Perú.

Por supuesto no tenía reconocimiento de la corona española, ni lo necesitó. Dado que peleando de frente los españoles nunca pudieron con ella, sobornaron a alguien de su gente cercana para lograr vencerla, capturarla, violarla, exhibirla desnuda, asesinarla y descuartizarla pública y brutalmente, el 5 de septiembre de 1782, en La Paz.

En honor a la valentía de Bartolina, la fecha de su asesinato sirve para conmemorar en todo el mundo el Día Internacional de la Mujer Indígena, instituido por el Segundo Encuentro de Organizaciones y Movimientos de América en Tihuanacu, Bolivia.

Bartolina Sisa y su esposo Julián Túpac Katari pelearon contra el ejército realista. Ella fue jefa de batallones indígenas, integrados por guerrilleros y guerrilleras nativas en los diferentes pueblos de Perú y Bolivia. En 1781, luego de una serie de victorias del ejército dirigido por Bartolina, las y los pobladores la nombraron Virreina. Además de la estrategia militar, esta guerrera se hizo cargo de la restructuración del gobierno en varias localidades, hasta que fue traicionada y emboscada para su ejecución, por hombres pagados por el corregidor Sebastián de Segurola.

En recuerdo de Bartolina, cada 5 de septiembre se utiliza para visibilizar la inequitativa situación de las mujeres indígenas en todo el mundo, quienes sufren los estragos de la triple opresión que les da el ser mujeres, ser indígenas y ser pobres.

En los países tanto industrializados como en desarrollo, las mujeres y las niñas pertenecientes a pueblos indígenas o etnias padecen los efectos de prácticas tradicionales perjudiciales, cuyas raíces están en supuestos culturales ancestrales o en creencias religiosas, que en ocasiones amenazan sus vidas.

Para la investigadora Teresa Ulloa Ziáurriz, especialista en género y derecho internacional humanitario, son las mujeres y las niñas indígenas “de entre los excluidos, las más excluidas; de entre los pobres, las más pobres; de entre los analfabetas, son ellas las que conforman el mayor porcentaje; de entre los discriminados, las más discriminadas; de entre los desposeídos, las más desposeídas; de entre los violentados, las más violentadas”.

Ulloa Ziáurriz considera entre las principales causas de la exclusión y violencia contra las indígenas el hecho de que, tanto las leyes como las políticas públicas en México, las miran no como sujetas de derechos, sino como objetos de protección y las dejan totalmente a merced de la buena o mala voluntad de quien cada sexenio ocupe el poder.

Hidalgo no es la excepción. Aquí, una de cada tres mujeres indígenas es analfabeta y sólo 19 de cada cien trabajadoras indígenas reciben salario, las demás sí trabajan, pero no reciben pago. Estas cifras corresponden al Panorama socioeconómico de la población indígena en Hidalgo 2010, elaborado por la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.

Sin duda, las indígenas hidalguenses sufren cada día la triple discriminación, más aún si consideramos que el documento anteriormente señalado sostiene que en Hidalgo las personas indígenas monolingües son mayoritariamente mujeres, lo cual refuerza el lamentable fenómeno de la feminización de la pobreza, es decir, la desproporcionada representación de las mujeres entre los pobres, comparada con la de los hombres.

La pobreza se feminiza cuando el porcentaje de mujeres en la población considerada como pobre, supera al porcentaje de mujeres pertenecientes a la población, en su conjunto. Por ejemplo, si las mujeres constituyen 51% de la población global, pero 70% de los pobres, quiere decir que la pobreza está afectando de manera desproporcionada al sector femenino de la población.

Por si la feminización de la pobreza fuera poca cosa, estas mujeres hidalguenses deben soportar la situación de violencia de género por parte de sus parejas.

De acuerdo con los últimos resultados presentados por la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (realizada por el INEGI), de las mujeres casadas en Hidalgo, el 21% es hablante de alguna lengua indígena. De ese porcentaje, el 44.9 % declaró ser violentada por su pareja de la siguiente manera: 84.3% ha sufrido violencia emocional, 59.8% padece violencia económica, 58.2% es víctima de violencia física y 24.7% aceptó haber sido violentada sexualmente por su esposo o concubino.

Si bien los días internacionales no son para celebrar sino para conmemorar, éste de la Mujer Indígena es particularmente poco festivo. En un estado con alta concentración de mujeres indígenas como el nuestro, lo menos que podemos hacer este Día Internacional de la Mujer Indígena es un resumen de las deudas históricas que el gobierno y la sociedad tenemos ellas, las más pobres de las pobres.

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