Meza de Redacción

Tolerancia cero contra el “gudniin”

“No hay ninguna razón religiosa, de

desarrollo o de salud para mutilar a una

niña o a una mujer”

Ban Ki-moon. Secretario General de

 la ONU

“Escuchaba mi carne desgarrándose. Mi madre, que me había dicho que no me dolería, me tenía de una mano. Desde ese día aprendí lo que es el dolor”, recuerda Waris Dirie, la primera modelo afrodescendiente en ser portada de la revista ‘Vogue’. Esta “top model” internacional de origen somalí, también trabajó para Chanel, L’Oréal, Revlon, Versace y Cartier. Incluso incursionó en el cine y actuó en una de las películas de James Bond.

A pesar de su éxito, Waris se alejó del mundo del espectáculo porque necesitaba enfrentar un aberrante hecho de su infancia: La mutilación genital a la que fue sometida a los cinco años de edad, y que ella plasmó en el libro “Flor del desierto”, del que luego se hizo una película con el mismo nombre, en donde Waris recordó el rostro impávido de la gitana con la que la llevaron para que la cercenara en carne viva. Sus gritos quedaron atrapados en el trozo de madera que apretaban sus dientes.

Luego de mutilarle los genitales, le cosieron la herida y le dejaron una diminuta abertura para orinar a gotas, según narró Dirie en entrevista con el diario “El tiempo” de Colombia. Unos 20 años más tarde, por fin dejó de sentir que la vida se le extinguía cada vez que iba al baño. Ella nunca ha sentido, ni sentirá, placer sexual alguno.

Cuando las niñas africanas son sometidas a esta práctica bestial, en su comunidad le llaman “el día del gudniin” y, según la tradición, prepara a las niñas para la adultez. Los datos de Unicef reflejan que 150 millones de mujeres han padecido su mismo sufrimiento, no obstante, de cada tres niñas mutiladas sólo dos sobreviven.

Debido a la evidente violación a la integridad de las mujeres y a la violación de los derechos humanos de quienes padecen esta mutilación genital, o ablación, el 6 de febrero se decretó como el Día Internacional contra la Mutilación Genital Femenina. Diversas organizaciones se esfuerzan por concienciar acerca de la necesidad de luchar contra esta terrible práctica, a la que han sido sometidas entre 120 y 140 millones de mujeres en al menos 28 países del mundo, según la Organización Mundial de la Salud. Además, 3 millones de niñas siguen estando en riesgo cada año.

La mutilación genital femenina sigue siendo una costumbre arraigada en África, pero también en algunos países de Asia y Medio Oriente y en ciertas comunidades de inmigrantes de Estados Unidos, Canadá, Australia y en la población indígena Embera Chamí, de Colombia. Pero el riesgo no es sólo para niñas que viven en esas naciones, sino para aquellas que sin residir ahí, van de vacaciones a sus países de origen.

Esta mutilación abarca todos los procedimientos que entrañan la eliminación, total o parcial, de los genitales femeninos externos u otras lesiones de los órganos genitales femeninos por cuestiones culturales o religiosas, o por otros motivos no terapéuticos.

En un análisis realizado al respecto, la Agencia española AMENCO consideró que la práctica persiste por la percepción social, ya que todavía se piensa que si las niñas renuncian a la ablación, tanto ellas como sus familias se arriesgan a padecer vergüenza, exclusión social y que verán reducidas las perspectivas de matrimonio.

El dolor al practicar relaciones sexuales, los problemas en el parto (9 de cada 10 bebés que nacen muertos en Mali son de mujeres mutiladas genitalmente) que en ocasiones llevan a la muerte de la madre, las infecciones de orina y los traumas psicológicos, son algunas de las consecuencias de esta sanguinaria práctica.

Entre sus complicaciones inmediatas se encuentran el dolor intenso, choque, hemorragia, tétanos, sepsis, retención de orina, llagas abiertas en la región genital y lesiones de los tejidos genitales vecinos. Las consecuencias a largo plazo consisten en infecciones vesicales y urinarias recurrentes, quistes, esterilidad en ciertos casos, riesgo de complicaciones de parto y muerte del recién nacido.

Junto con la ONU, la Unicef y la OMS, Waris Dirie hoy encabeza una lucha internacional para erradicar esta mutilación, la cual, asegura, no tiene nada que ver con la cultura, la religión o la tradición: “La mutilación genital femenina es un crimen camuflado bajo el escudo de una herencia ancestral. Es un tema de derechos humanos. La ablación anula a las mujeres y es la forma más violenta de supresión contra ellas, pues controla su cuerpo y su sexualidad”.

Esta mutilación es practicada casi siempre en menores y constituye una violación de los derechos de las niñas. Asimismo, viola los derechos a la salud, la seguridad y la integridad física, el derecho a no ser sometido a torturas y tratos crueles o inhumanos. El “día del gudniin” es una aberrante práctica feminicida, ya que aun cuando no mata directamente a todas las mujeres obligadas a esta carnicería, sí les genera un entorno de vida que cancela sus derechos y, tarde o temprano, será el causante de su muerte.

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