Meza de Redacción

¿Pégame, pero no me dejes?

Día después de salir del hospital en donde fue operada del maxilar por la golpiza que su esposo le propinó, la presidenta del Sistema DIF del municipio de Tepehuacán y esposa del alcalde, se dejó ver en eventos oficiales con su marido golpeador.

La reacción colectiva en las redes sociales fue casi unánime: Ella es una tonta (por decirlo amablemente) o una convenenciera que antepuso el estatus económico a su dignidad.

“Pégame, pero no me dejes” fue la frase más leída en los ciber-comentarios que acompañaban a las notas periodísticas sobre el hecho. En una primera impresión, esta expresión masiva pudiera ser aparentemente cierta, pero hay más allá.

De acuerdo con Dinorath Mota, la corresponsal de “El Universal” en Hidalgo, la esposa golpeada intentó retractarse de la denuncia penal (que ella misma había interpuesto contra su marido golpeador) para que su esposo no fuera juzgado.

La nota de “El Universal” sostiene que la presidenta del DIF de Tepehuacán buscó al procurador General de Justicia del estado, Alejandro Straffon Ortiz, con la intención de otorgar el perdón legal al alcalde, pero en Hidalgo la ley impide esta posibilidad, debido a que en este hecho las lesiones pusieron en riesgo la vida de la víctima y dejarán una disminución de las facultades físicas.

Más aún, diversas fuentes periodísticas que siguen el caso coincidieron en presentar testimonios de habitantes de Tepehuacán, quienes aseguran que ahora la pareja se deja ver “tomada de la mano” (¡Ay! ¡Qué detallista es el alcalde golpeador con su esposa!)

Ella lo ha perdonado y pretende que toda la averiguación se detenga, justo ahora que las autoridades del ejecutivo estatal se miran con ánimo de trabajar en favor de las mujeres. Respecto a las autoridades del legislativo, a quienes les corresponde desaforar al alcalde golpeador, habrá qué esperar, porque salvo la presidenta de la comisión de equidad de género, todas y todos los demás congresistas se toman su tiempecito para atender este caso.

Inclusive, el procurador Alejandro Straffon señaló en conferencia de prensa que solicitó al Congreso local un juicio de procedencia en contra del alcalde, por los delitos de lesiones dolosas y violencia familiar en perjuicio de su cónyuge, que pueden llevarlo a prisión hasta por 10 años.

Los dictámenes periciales señalan que la víctima presenta lesiones graves que tardan 15 días en sanar, una fractura en el maxilar derecho, la pérdida de una pieza dental, y de ahora en adelante será evidente en su fisonomía el trabajo de cirugía que se le realizó.

Por ahora, la única garantía de que en este caso habrá justicia la ha dado el actuar de la Procuraduría del Estado, quien incluso brinda custodia policiaca a la víctima con una orden de restricción.

Y sin embargo, el golpeador y la golpeada andan juntos de la mano.

Contrario a lo que la mayoría de la gente ha opinado en la Internet, ella no volvió con él por tonta, por convenenciera o porque “lo ame mucho”.

Se llama el “círculo de la violencia”. Ocurre en cualquier relación de estrecha cercanía y no importa el género de la víctima aunque, en la inmensa mayoría de los casos, se trata de una relación de pareja en donde el violentador es el hombre y la violentada es la mujer.

Este círculo posee tres etapas: La primera es la TENSIÓN, comienza con pequeños actos violentos, la persona que agrede busca cualquier pretexto para insultar, humillar o gritar. La segunda etapa es la CRISIS, en donde luego de la tensión, la persona que agrede descarga su tensión con acciones violentas, con el fin de mantener el control sobre las personas y la situación, perdiendo toda forma de comunicación y entendimiento. En el caso de la violencia física, es en esta etapa cuando vienen los golpes.

Finalmente, la RECONCILIACIÓN, esta etapa en donde todas las activistas generalmente nos quedamos colgadas de la brocha en el acompañamiento de casos. Luego de la tensión y la crisis, la persona que agrede pide perdón, promete que no volverá a suceder. Así la víctima se siente confundida y se le dificulta tomar una decisión definitiva. Lo usual es que crea en el arrepentimiento y confíe en un cambio.

Personalmente, en 18 años de activismo feminista he escuchado muchas veces frases como ésta: “Es que… ¿qué crees? Me pidió perdón ¡Se hincó! ¡Me lloró! ¡Me llevó flores! ¡Me juró que nunca más volvería a suceder!”… pero siempre vuelve a suceder. En todos los casos que he acompañado en este tiempo, nunca me ha tocado uno solo en donde con pura voluntad y sin terapia de rehabilitación, el violentador deje de dañar a la víctima. Por el contrario, la violencia es cada vez mayor, y si no se frena llega hasta el feminicidio.

Afortunadamente, para que la presidenta del DIF Tepehuacán (sumida en el círculo de la violencia) pueda legalmente perdonar a su esposo, la ley dice que el alcalde golpeador debe cubrir los gastos de la atención médica y psicoterapéutica de la víctima, así como el pago de la pérdida de ingreso económico y lucro cesante, además del costo de la pérdida de oportunidades, en particular el empleo, educación y prestaciones sociales, acorde a las circunstancias de vida de la víctima. Además, el inculpado debe someterse a tratamiento psicoterapéutico reeducativo especializado, que garantice el que nunca más violente ni a su esposa, ni a ninguna otra mujer.

http://twitter.com/taniamezcor

www.facebook.com/TaniaMezcor