Meza de Redacción

Olympe, la mujer no-natural

“Si la mujer tiene derecho a subir al

cadalso, también debe tener el derecho

de subir a la tribuna” Olympe de Gouges

El 3 de noviembre de hace 220 años, fue decapitada la máxima exponente histórica del feminismo mundial: Olympe de Gouges, política, revolucionaria, literata y actora. Antes de ella otras mujeres habían peleado por derechos específicos de género, pero fue con la lucha de Olympe durante la Revolución Francesa que por primera vez se exigieron los mismos derechos para las mujeres que para los hombres.

No es llamada “la madre del feminismo” porque sería reivindicar la maternidad como el rol protagónico de las mujeres. De Gouges es la pionera, la primera impulsora del feminismo, y es también la primera que dio literalmente la vida por la causa, ya que, pese a su indiscutible participación durante la Revolución Francesa, el radicalismo jacobino de Robespierre y Marat le llevaron a la guillotina.

Antes del feminismo, la lucha de Olympe (cuyo nombre verdadero era Marie Gouze) fue la de la revolución, y previamente su pelea frontal había sido en favor de los esclavos africanos, aún cuando muchos integrantes de la corte de Versalles se habían enriquecido con la trata de seres humanos.

También dio batalla frente a las leyes monárquicas que otorgaban menos derechos a las hijas e hijos de madres solteras. Luchó por el derecho al divorcio e incluso propuso que el matrimonio fuera un contrato renovable cada cierto período de tiempo, y no para toda la vida.

Antes del 14 de junio de 1789, fecha en que inicia formalmente la Revolución Francesa con la toma de la Bastilla, Olympe se había acercado a la Reina María Antonieta para convencerla de que debía trabajar por las mujeres.

Su activismo se vio siempre reflejado en sus novelas y obras de teatro, por lo cual resultaba incómoda para la monarquía, pero lo fue más todavía para el régimen revolucionario radical, luego de que Olympe cometió su mayor pecado: Ante la androcéntrica “Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano”, ella propuso la “Declaración de los derechos de la Mujer y la ciudadana”.

De manera resumida, éstos son “Los derechos de la Mujer…” cuya publicación le costó la vida a Olympe, y como puede leerse, aún hoy existen varios de ellos que todavía no logramos tener:

I. La mujer nace libre y permanece igual al hombre en derechos.

II. El objetivo de toda asociación política es la conservación de los derechos naturales e imprescriptibles de la Mujer y del Hombre; estos derechos son la libertad, la propiedad, la seguridad y, sobre todo, la resistencia a la opresión.

III. El principio de toda soberanía reside esencialmente en la Nación que no es más que la reunión de la Mujer y el Hombre.

IV. La libertad y la justicia consisten en devolver todo lo que pertenece a los otros; así, el ejercicio de los derechos naturales de la mujer sólo tiene por límites la tiranía perpetua que el hombre le opone.

V. Las leyes de la naturaleza y de la razón prohíben todas las acciones perjudiciales para la Sociedad.

VI. La ley debe ser la expresión de la voluntad general; todas las Ciudadanas y Ciudadanos deben participar en su formación personalmente o por medio de sus representantes.

VII. Ninguna mujer se halla eximida de ser acusada, detenida y encarcelada en los casos determinados por la Ley.

VIII. A nadie puede castigarse más que en virtud de una Ley establecida y (…) aplicada a las mujeres.

IX. Sobre toda mujer que haya sido declarada culpable caerá todo el rigor de la Ley.

X. Nadie debe ser molestado por sus opiniones incluso fundamentales; si la mujer tiene el derecho de subir al cadalso, debe tener también igualmente el de subir a la Tribuna con tal que sus manifestaciones no alteren el orden público establecido por la Ley.

XI. La libre comunicación de los pensamientos y de las opiniones es uno de los derechos más preciosos de la mujer.

XII. La garantía de los derechos de la mujer y de la ciudadana implica una utilidad mayor.

XIII. (…) Las contribuciones de la mujer y del hombre son las mismas; ella participa en todas las prestaciones personales, en todas las tareas penosas, por lo tanto, debe participar en la distribución de los puestos, empleos, cargos, dignidades y otras actividades.

XIV. Las Ciudadanas y Ciudadanos tienen el derecho de comprobar, por sí mismos o por medio de sus representantes, la necesidad de la contribución pública.

XV. La masa de las mujeres, agrupada con la de los hombres para la contribución, tiene el derecho de pedir cuentas de su administración a todo agente público.

XVI. (…) La constitución es nula si la mayoría de los individuos que componen la Nación no ha cooperado en su redacción.

XVII. Las propiedades pertenecen a todos los sexos reunidos o separados; son, para cada uno, un derecho inviolable y sagrado.

La sangre que corrió en favor de la Libertad, Igualdad, Fraternidad, fue tanto de hombres como de mujeres, pero al triunfo de la revolución las francesas quedaron invisibilizadas (como ocurre casi siempre, incluido el caso de la Revolución Mexicana).

Olympe de Gouges murió guillotinada y en medio del escarnio. Además de traidora a la revolución, fue declarada “Mujer no-natural”. Tras su decapitación se emprendió una férrea campaña en contra de su nombre y su legado. Su único hijo renegó públicamente de ella. Fue hasta concluida la segunda guerra mundial que el estudio en otros países de los textos y documentos de la Revolución Francesa, le dio el lugar histórico que en verdad merece: El de la primera feminista de la historia.

 

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