Meza de Redacción

Marcela Lagarde en Pachuca

“¿Qué quiere una mujer?” Se pregunta Marcela Lagarde “¿Qué quiere la refugiada afgana, a quien miro en impecable fotografía que dio la vuelta al mundo hace apenas unos meses. Tras el éxodo fundado en mil y un oprobios y persecuciones, ha recorrido muchos kilómetros para arribar al más inseguro de los refugios. Sostiene a su bebé desnutrida, con sus nalguitas flácidas y arrugadas de hambre, de vejez precoz? (…) Sometida y protectora, implora un lugar en el mundo para su hija y para ella, y que el cielo no descargue el fuego que aniquila. No necesito saber el nombre de la sed y del hambre en árabe, pashtúm, darí o urdu. Es la hora del desarraigo y del miedo, ella quiere agua y pan, sólo agua y pan”.

A propósito de las reflexiones teóricas por el centenario de Lacán, volvió a surgir la pregunta que tanto ha intrigado a los grandes pensadores registrados por la historia (masculinos en su gran mayoría) “¿Qué quiere una mujer?”

Marcela Lagarde contesta tan magistral como simplemente: Esta refugiada afgana, que apenas logra llegar arrastrándose hasta un violento e inseguro campo de refugiados con su hijita casi muerta, quiere agua y pan.

No sólo son los grandes filósofos y psicólogos que durante milenios han reflexionado sobre el enigma femenino, sin hallar respuesta. También los hombres de a pie caen a menudo en el error de preguntarse “qué quiere una mujer”, y más grave aún, en el error de contestar ellos mismos la pregunta, desde sus creencias y sus prejuicios.

“Lo que quiere una mujer es un hombre que la mantenga, que la trate bien, que ‘le cumpla’ y que no le ponga los cuernos. Eso quiere una mujer”, responde categóricamente un hombre adulto durante una reflexión colectiva y su respuesta es aplaudida por el resto de los hombres jóvenes que están a su alrededor.

Mientras los grandes pensadores y los hombres de a pie no le pregunten directamente a las mujeres qué quieren, podrán seguir reflexionando al respecto durante muchos años, y no tendrán la respuesta correcta.

¿Qué quiere una mujer? Es una pregunta tan generalizada como querer unificar el criterio de todas las mujeres del mundo. Somos humanas en contextos diferentes, por lo tanto tendremos deseos y querencias distintas una de otra. Quien diga que toda mujer quiere flores y diamantes, es obvio que no está visualizando a la refugiada afgana, a la sobreviviente de cáncer, a la migrante indocumentada, a la discapacitada discriminada, a la adulta mayor violentada, y un largo y doloroso etcétera.

Este pequeño botón de muestra fue uno de los temas destacados durante la visita de la doctora Marcela Lagarde a Pachuca, el día de ayer, con motivo de la conmemoración gubernamental del Día Internacional de las Mujeres. Por la mañana impartió la conferencia magistral “La perspectiva de género en la gobernanza democrática” y por la tarde presentó su más reciente libro “El feminismo en mi vida”.

La visita de Lagarde al estado no es menor. Se trata de la científica social mexicana más reconocida en el mundo, cuyos libros son utilizados como texto base en diferentes países de Europa, Asia y América. Aunque Pachuca es la ciudad natal de su padre, es la primera vez que Lagarde es invitada como ponente a Hidalgo.

No es una simple investigadora, ella desarrolló la teoría de género “los cautiverios de las mujeres”, obra multipremiada en el mundo, que se desprendió de su tesis doctoral de antropología por la UNAM. Marcela tardó diez años en desarrollar esta tesis, que le ha asegurado un lugar en la historia mundial del feminismo.

Cuando a mediados de la década pasada esta antropóloga feminista fue electa diputada federal plurinominal, tras ser invitada como candidata ciudadana por el Partido de la Revolución Democrática, Lagarde logró cambiar la vida de todas las mexicanas con el diseño e impulso de la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia”. De esta ley se han desprendido todas las políticas públicas en materia de combate a la violencia por género en el país (diputadas así, queremos en cada legislatura)

Además, fue Marcela Lagarde quien aportó el término “feminicidio”, luego de que en algunos países comenzaba a hablarse de “femicidio”, simplemente como el “homicidio de mujeres”. Con la construcción de este nuevo término que trascendió más allá de la teoría, esta científica mexicana visibilizó para las mujeres del mundo una de las mayores injusticias históricas, al nombrar el acto último de la violencia extrema por motivos de género.

Marcela Lagarde es una mexicana universal, que pocas veces se presenta en México, porque generalmente está trabajando con gobiernos y universidades de otros países. Personalmente, tuve el privilegio de ser su alumna en la UNAM durante seis años, dos de la maestría y cuatro del doctorado. De ella, aprendí todo lo que sé de género. Ayer, el funcionariado estatal tuvo también el privilegio de escucharla hablar de la incorporación de la perspectiva de género en la gobernanza mundial. Ojalá que algo se les haya pegado.

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