Meza de Redacción

“Entonces, si mi novio me da una cachetada ¿es violencia?” Niña hidalguense de 13 años.

En aras del amor romántico, ése que lentamente se nos impone desde las películas, canciones y telenovelas, el discurso patriarcal en general, y los medios de comunicación comerciales en particular, pretenden hacernos creer que el noviazgo siempre es una etapa en donde se derrocha miel y el ambiente se invade de corazones.

Desafortunadamente, en la mayoría de los casos el noviazgo resulta un espacio lleno de agresiones, que prepara a las jóvenes para la violencia que posiblemente sufrirán durante el matrimonio o la unión.

Luego de varios años de tratar el tema de la violencia en el noviazgo con niñas y adolescentes hidalguenses, los testimonios recolectados sobre violencia en el noviazgo resultan sobrecogedores. Algunos de ellos se exponen a continuación, como una reflexión alternativa al 14 de febrero, comercializado como el “día del amor”.

Este testimonio es de una adolescente de Pachuca que sufría violencia física por parte de su novio, sin embargo, ella no se reconocía como golpeada: “Mi ex pareja no me llegó a golpear, sin embargo era muy agresivo y manipulador. Tendía a golpearse muy duro contra lo que veía, y en una ocasión rompió su parabrisas con la excusa de no golpearme a mí. No obstante algunas veces me tomó muy fuerte de los brazos y me pellizcó el tórax, mis piernas y espalda para que no me moviera de su lado, dejándome hematomas muy fuertes en todo el cuerpo [Aún así, ella decía que él nunca la golpeó] Seguramente esto debió hacerme alejar, pero era muy bueno con sus palabras de alivio. En otra ocasión me tomó muy duro del cabello y me traqueteó para que no me bajara del auto. (…) Creo que a veces las mujeres minimizamos este tipo de actitudes, porque aunque no me golpeó, al pasar el tiempo creo que estuve con una persona muy negativa”.

Esta otra niña hidalguense está profundamente enamorada de un hombre que la violenta física y psicológicamente pero no se siente capaz de dejarlo, antes que eso, ella ha pensado en suicidarse:

“Tengo cuatro años de relación con un muchacho que es 8 años mayor que yo. Jamás ha sido una relación tranquila, siempre peleamos por todo y lo terminé un día porque ya me había cansado (…) a los dos días anduvo con una muchacha más bonita que yo (…) yo me moría de pensar que ya no íbamos a volver. Caí en depresión (…) hasta que volvimos, pero ahora él se siente como si yo tuviera que agradecerle el que haya vuelto y se la pasa mandándome, hablándome horrible. Incluso de la nada me golpea muy fuerte en mi brazo y me pellizca tan fuerte que me deja toda moreteada. He intentado hablar con él pero me dice que exagero, que soy muy llorona, pero yo sé que no es así. Lo malo es que lo amo y no quiero perderlo. Me siento entre la espada y la pared. He pensado en el suicidio porque me siento muy sola y no sé qué hacer…”

Un ejemplo de violencia física, psicológica, patrimonial y económica, se presenta con esta adolescente, quien luego de denunciar a su pareja por golpes, experimentó una relación con violencia extrema:

“Mi novio y yo somos una pareja bonita, él se quiere casar conmigo supuestamente y hasta tener hijos, pero me ha golpeado muchas veces y después de una denuncia dejó de golpearme, pero me amenazó con quemar mis muebles. Un día que habíamos peleado y terminado, mi casa se quemó y él dice que no fue él, pero dos días antes, durante nuestra pelea, con un sable él me cortó la mano, me dieron 13 puntos por fuera y en los músculos también. Me duele pero no sé qué hacer, ojalá que alguien me quite este dolor y este miedo”.

La violencia sexual no es la excepción, siempre acompañada por golpes e insultos, como lo muestra este testimonio de una joven hidalguense de 19 años, quien relata una experiencia “romántica” que tuvo a los 15 años: “Cuando empezamos a salir él era muy cariñoso conmigo, pero poco a poco empezó a agarrar confianza y a portarse diferente. Con el tiempo empezamos a tener relaciones sexuales. Para mí él era todo. Llegó a golpearme una vez, pero fue por miedo que no dije nada en el momento, ni a mis papás les comente nada. Yo lo amaba. A veces, como no tenía nada que reclamarme inventaba cosas y por no contradecirle yo afirmaba las cosas aunque no fueran verdad. Incluso me llegó a decir puta. Como ya manteníamos relaciones sexuales él siempre quiso tener sexo por el ano y me amenazo que si no quería, que se iba a buscar otra que le diera lo que yo no podía. Lo dejé porque me sentía que sólo era un objeto sexual para él…”

De entre la violencia contra las mujeres que menos se atiende institucionalmente, destaca la sufrida en el noviazgo, en donde las niñas y jóvenes refuerzan los estereotipos aprendidos en la infancia, sin el apoyo requerido para comprender que la violencia no es natural, que es una construcción cultural que lastima y daña a quien la ejerce, pero sobre todo a la persona que es lastimada.

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