Meza de Redacción

Día de las Trabajadoras Domésticas


Las 2.2 millones de personas dedicadas al trabajo doméstico en nuestro país son casi todas son mujeres (de acuerdo con el INEGI). Tres de cada cuatro reciben menos de dos salarios mínimos, la mitad trabaja más de 35 horas a la semana y el 76.1 carece de toda prestación laboral. Y todo ello por realizar uno de los trabajos menos valorados del mundo.

Las labores domésticas sólo se ven cuando dejan de hacerse, cuando el polvo se acumula, la despensa se vacía y no se surte, cuando el teléfono, la luz y el agua son cortados porque no se pagaron a tiempo.

Hacer visible lo invisible. Ésa es justamente la labor de los grupos minoritarios que luchan por el respeto, sobre todo en las actividades cotidianas.

Entre las cosas más invisibles y menos valoradas en ésta y todas las sociedades, se encuentra “el quehacer” o las labores de la casa. Sabedoras de ello, mujeres dedicadas exclusivamente al hogar, provenientes de diversos países de América Latina y el Caribe, se reunieron en 1988 en Colombia, para analizar su situación personal y su participación en la economía de sus naciones. La principal conclusión fue la instauración del 30 de marzo como el Día Internacional de las Trabajadoras Domésticas.

Como todos los días a los cuales la Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha dedicado un espacio en su agenda internacional, ésta no es una fecha para celebrarse o para dar regalos. Se trata de visibilizar la problemática y lograr que, por lo menos un día, se hable en los espacios públicos sobre esta gran deuda histórica con las mujeres que realizan uno de los trabajos más pesados, sin obtener ningún ingreso por ello.

Entrevistada por la Agencia Comunicación e Información de la Mujer, la antropóloga Mary Goldsmith, estudiosa del trabajo doméstico desde 1976,  aseguró que si bien en México el grueso de las mujeres se enfrenta a condiciones desiguales en el ámbito laboral, las trabajadoras del hogar realizan su labor bajo condiciones más precarias.

“No tienen contrato, a menudo laboran medio tiempo o menos, tienen bajos ingresos, carecen de las prestaciones más básicas, incluyendo las reconocidas por ley, no tienen acceso a servicios de salud y guarderías por lo que difícilmente pueden compaginar sus responsabilidades familiares con su trabajo” afirmó.

Las cifras de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo realizada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) determinan que en México, menos del uno por ciento de las trabajadoras domésticas son las que cuentan con un contrato de trabajo por escrito que les garantiza el acceso a prestaciones básicas –que incluso son reconocidas legalmente- como el aguinaldo y las vacaciones.

Respecto de los ingresos y de acuerdo con estimaciones del Inegi, las trabajadoras del hogar ganan en promedio 21 pesos por hora. En estados como Oaxaca y Chiapas los salarios sólo llegan a 10 pesos por hora. 

De cada 10 mujeres que laboran como empleadas del hogar 8  son madres y 1 de cada 3 es madre soltera, casi todas sin acceso a guardería, por lo que además de realizar las labores domésticas deben cuidar a sus hijos, y mientras trabajan los dejan al cuidado de alguien más.

Por otro lado, además de encontrarse en el estrato más bajo de las prestaciones, también se enfrentan a condiciones de desigualdad educativa; sólo 6 de cada 10 terminaron la primaria, y 1 de cada 3 tiene estudios de primaria inconclusos. De las jóvenes de entre 14 y 17 años que son empleadas, 73 por ciento de ellas no acude a la escuela.

Y en todas las cifras anteriores, no están incluidas las mujeres dedicadas a la esclavitud doméstica porque han sido víctimas de trata de personas.

Pero es obvio que el trabajo doméstico no sólo lo hacen las trabajadoras del hogar. La doble jornada laboral implica que prácticamente todas las mujeres (trabajemos dentro o fuera de casa) realicemos labores domésticas no remuneradas.

Una de las peores cosas en el trabajo doméstico no sólo es la inexistencia de remuneración económica, sino el nulo pago simbólico que por esta actividad existe, debido a que casi nadie ve, ni valora las labores domésticas. Sobra decir que, en la mayoría de los casos, tampoco son muchos los integrantes de la familia que contribuyen o respetan este tipo de trabajo.

Sobre la invisibilidad y total desvalorización de su trabajo, la Red Nacional de Trabajadoras del Hogar en México se pronunció en favor de una reforma laboral que proteja y reconozca los Derechos Humanos de las mujeres trabajadoras y que garantice la equidad y la justicia social en el ámbito laboral. Esta agrupación ha expresado su hartazgo por la explotación de la que son objeto por parte de sus empleadoras quienes las contratan en empleos donde con frecuencia son víctimas de acoso sexual, maltrato físico y verbal. 

La valoración del trabajo doméstico no puede dejarse solamente a los procesos de negociación que en cada hogar puedan establecerse. Independientemente de la regulación de la trata de personas forzadas a realizar estas labores, la remuneración del trabajo doméstico debe ser tema para atenderse en los tres niveles de gobierno de todo el país.

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