Meza de Redacción

El Día de Nelson Mandela

Durante 67 años Nelson Mandela dedicó su vida al servicio de la humanidad, como defensor de los derechos humanos, como preso de conciencia, como promotor de la paz y como primer presidente elegido democráticamente en una Sudáfrica libre. Por ello, en el marco del Día Internacional de Mandela, la fundación Nelson Mandela y la Organización de las Naciones Unidas (ONU) promueven la campaña internacional de solidaridad humana denominada “67 minutos de nuestro tiempo”. Esta campaña lanzada desde al año anterior, consiste en dedicar una hora con siete minutos de nuestra vida a realizar acciones de ayuda bajo la inspiración del legado de Mandela.

En la resolución de la ONU en donde se establece el 18 de julio como el “Día Internacional de Mandela”, se reconoce su dedicación al servicio de la humanidad a través de su labor humanitaria en la resolución de conflictos, las relaciones interraciales, la promoción y protección de los derechos humanos, la reconciliación, la igualdad entre los géneros, los derechos de la infancia y otros grupos vulnerados, y la defensa de comunidades pobres y discriminadas.

Sobre la historia de Mandela, el escritor español Nicolás Fabelo señala que este personaje nació el 18 de julio de 1918 en Mvezo (pequeño poblado de la actual provincia Oriental de El Cabo), en una familia noble de etnia xhosa. Mandela estudió Derecho y puso un bufete jurídico que atendía a personas negras con escasos recursos.

Ingresó en el Congreso Nacional Africano (ANC, por sus siglas en inglés) tras la implantación en 1948 del apartheid, sistema de segregación racial destinado a asegurar el dominio político de la minoría blanca. En 1961 se alzó en armas contra el régimen racista, como jefe del Umkhonto we Sizwe, brazo armado del ANC. Fue detenido un año más tarde, y en 1964 condenado a cadena perpetua.

Fabelo señala que “casi tres décadas en la cárcel no quebraron la voluntad de hierro de Mandela ni le hicieron presa de la amargura o el resentimiento. En su pequeña celda de Robben Island hacía todos los días ejercicio al tiempo que aprendía afrikaans (el dialecto neerlandés nativo de gran parte de la minoría blanca) y se empapaba de la cultura de sus ‘enemigos’ afrikáners. Siempre tuvo presente que algún día le tocaría negociar con quienes le habían encarcelado para alumbrar una nueva Sudáfrica en la que blancos y negros estaban llamados a convivir civilizadamente. Los sudafricanos blancos que lo conocieron durante sus años de prisión -incluso sus propios carceleros- no dejaban de asombrarse de su amabilidad y trato cordial, no reñido con la firmeza en la defensa de sus ideas contra el régimen racista”.

Los cambios en Sudáfrica iniciaron con la llegada al poder en 1989 del político blanco reformista Frederik de Klerk, quien desmanteló el apartheid e inició una negociación con Mandela. Éste último fue liberado en febrero de 1990, después de 27 años en prisión. Las reformas de De Klerk y su diálogo con el ANC llevaron a las elecciones de 1994. Mandela, líder del ANC, había obtenido una contundente victoria en las elecciones del 27 de abril, las primeras en las que pudieron votar los ciudadanos sudafricanos de todas las razas. El ANC consiguió más del 62% de los votos y 252 de los 400 escaños del Parlamento.

En su toma de posesión como Presidente de Sudáfrica en 1994, Nelson Mandela pronunció uno de los discursos más bellos y breves que algún otro político haya emitido:

“Nuestro miedo más profundo no es que somos inadecuados, nuestro miedo más profundo es que somos inconmensurablemente poderosos. Lo que nos asusta es nuestra luz, no nuestra oscuridad. Nos preguntamos: ¿Quién soy yo para ser brillante, encantador, talentoso y fabuloso? En realidad, ¿Quién eres para no serlo? Eres una criatura de Dios. Jugar a ser insignificante no le sirve al mundo. No hay nada inspirador en encogerse para que los demás no se sientan inseguros a tu alrededor. Hemos nacido para dejar de manifiesto la gloria de Dios que hay dentro de nosotros, que no está solo en algunos, sino en cada uno de nosotros. Y, al dejar que nuestra propia luz brille, inconscientemente, les damos permiso a otros para que hagan lo mismo. Al liberarnos de nuestro propio miedo, nuestra presencia, automáticamente, libera a todos los demás”.

El periodista español José Antonio Guardiola, quien realizó una de las últimas entrevistas al emblemático líder, señaló sobre el momento en que estuvo frente a Mandela: “Al estrechar su mano uno siente que hay seres dotados de una Humanidad excepcional. Su mano es como una descarga de bonhomía. Uno se siente mejor persona. Alguien ha definido a Mandela como la persona que trata por igual a la azafata de unas líneas aéreas que a la Reina de Inglaterra. Ésa es una definición muy acertada de su carácter. Y por ese carácter, y sobre todo por otras muchas facetas de su personalidad y su trayectoria, yo lo defino como el personaje del siglo XX”.

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