Estado fallido

Ya ni la…

Sonó el teléfono en la redacción y pidieron por una servidora. Era una de muchas agencias de relaciones públicas que llaman a toda hora del día con alguna invitación, información o propuesta. Tomé la llamada y sonó una voz muy joven que me pedía que confirmara mi presencia para un evento (con nombre de jabón) en pro de algo así como la autoestima o autoaceptación de la mujer respecto a su cuerpo. “Pero es parte de la campaña que tienen para vender jabón, ¿o no?”, le cuestioné formalmente, preguntándome qué podrían querer conmigo ahí. “¡Nooo!”, me contestó la voz que me supo a indignada. “Es para ayudar a las mujeres”, replicó. “Ok, pero para ayudarlas mientras se menciona una y otra vez la marca del jabón, ¿o no?”. La joven RP no pudo más conmigo, se rindió, me dio las gracias y colgó lo más amablemente que pudo después de escuchar por qué no podía, ni quería ir a un evento comercial que de periodístico no tenía nada.

Pero es que así estamos inundados hoy en día. Independientemente de lo ofensivo o divertido que nos pueda parecer que nos quieran chamaquear con esas cosas y piensen que los editores no sabemos distinguir un comercial de una nota, este ya es un mercado saturado por gente que no tiene ni el profesionalismo para asumir que tal vez, a veces, habrá cosas que pueden pasar si ofrecen algo de información periodística a cambio. Pero han abusado y cada vez menos les va a servir el método.

El caso más claro fue la “gran noticia” que daría Sofía Vergara hace algunos meses y no hubo forma de hacerla hablar de nada más que de un detergente. Perdón, pero para el caso, si lo que quiero es a los lectores que quieren las curvas de Sofía hay mil formas más de conseguir fotos de ella. Fuimos, pero salimos enojados y sin nota. Lo mismo pasó con la supermodelo Alessandra Ambrosio. A la prensa se le invitó sin más información de que iba a dar una noticia importante. Sabíamos que no iba a anunciar el Premio Nobel de Física, pero todo procedió así: se le pidió a los reporteros que pusieran sus preguntas en un recipiente y así como de suerte se iban escogiendo preguntas supuestamente al azar. Casualmente, todas las preguntas eran respecto a la compañía de tecnología que le pagaba para actuar como carnada. Eso es un ridículo engaño y nosotros unos ridículos crédulos si seguimos cayendo.

No es inocencia. Nos tienen anunciando bancos, cervezas, compañías telefónicas y en algún momento hasta chiles en escabeche cuando queremos decir en qué teatro están las cosas. También sabemos que cuando nos dan acceso a talentos nacionales o internacionales lo que las televisoras, disqueras o distribuidoras buscan es promover su producto final. De ahí el talento y credibilidad de cada periodista para poder encontrar algo más y no solo ser el vocero de cualquier otra cosa con tal de estar cerca de una chica hermosa o alguien famoso. Qué ridículo.

Pero esto cada vez prolifera más y de peor manera, porque las agencias de relaciones públicas patito y muchas que no lo son se la pasan prometiendo a sus clientes que no tendrán nunca que pagar pauta publicitaria porque nos harán hacer sus anuncios gratis. Lo peor son esas llamadas en las que escuchas a algún novato de las relaciones públicas actuar como si realmente te estuviera engañando. Así que ahí les va, por lo menos en lo que a esta sección se refiere: iremos cuando haya algo periodístico que descubrir. Mientras tanto, vendan jabón, coches, perfumes y hasta prendas íntimas a la antigüita. Ese no es nuestro negocio. 

susana.moscatel@milenio.com