Estado fallido

La virgen de la Comic-Con

Ya perdí la cuenta de cuántos compañeros del fanatismo por la cultura pop me felicitaron por haber dejado de ser virgen de la Comic-con. Yo pensaba que con los años que llevo en este negocio había perfeccionado mi cara de “ya nada me impresiona”, pero estaba muy equivocada. Se me notaba en todo. En mi expresión de impacto por imaginar haciendo una fila de dos días para ser de los primeros en ver el detrás de cámaras de Star Wars, en mi incapacidad de lidiar con las multitudes cuando Ben Affleck se acercó a firmar autógrafos para Batman vSuperman. En la forma en la que me quedaba viendo a todas esas personas que esperan el año entero para pasear por el Centro de Convenciones de San Diego y, sobre todo, en ese estado de parálisis al darte cuenta de que hay tanto que hacer, que probablemente no alcances a hacer nada.

Mi respeto y admiración a mis amigos y compañeros que se la viven cubriendo este evento año con año. Era tan absurdo no estar aquí como estarlo, porque en el momento en que buscaba publicar alguna de las notas con las que me topaba, las agencias ya tenían todo arriba. Pero más eficientes aún, los 140 mil asistentes y avisos tuiteros, vineros, periscoperos, snapchateros y lo que se les ofrezca en el momento.

Así que dejaré que la cobertura minuto a minuto la sigan haciendo los que aparentemente tienen ese don de la ubicuidad geekera y destacaré dos cosas que me impactaron de mi primera vez... en la Comic-con.

La primera de ellas, el absoluto placer de conocer y convivir con una de las más grandes estrellas de nuestro país a escala global si de cultura pop e ilustración se trata. Se llama Humberto Ramos y, entre muchas otras cosas, ha sido el máster dibujante de Peter Parker en los cómics mundiales de Spiderman. Se encontraba en el lugar firmando, entre otras obras, una joya de libro con el título My Marvels Vol. 3, donde podemos entender lo brillante de su trazo. ¿Por qué estos no son los mexicanos que conocemos absolutamente todos? No lo sé. Pero con su trabajo, sin la menor duda, todos nos hemos encontrado en la vida. Y aseguro que, en la mayoría de los casos, gozado mucho.

La otra cosa que me llamó poderosamente la atención de la Comic-Con eran los locos de afuera. Los de adentro son inofensivos, encantadores y aunque sí nos hacen preguntarnos qué harán el resto del año (cuando no se pueden vestir de Walking Dead o Pokemon) la verdad caen un rato.

Pero como esto es más que un culto a la cultura pop, los fanáticos religiosos están a todo lo que da afuera y, de verdad, sí pueden llegar a ser peligrosos. Varios de ellos gritaban las peores consignas contra el islam y el judaísmo, los cómics y los superhéroes, como si todos fueran parte del mismo plan para acabar con su dios.

Muchos lo tomaron como parte del entretenimiento y la policía tuvo que interferir en más de una ocasión. ¡Una locura total! Qué lindo esto de ya no ser la virgen del cómic, ¿no?

¿En serio?

¿Los Minions  son tan enormes como para romper así los récords o todo se nivelará pronto?

susana.moscatel@milenio.com

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