Estado fallido

El valor de Lorena

Cuando la gente se va joven, siempre tendemos a impactarnos y a buscar puntos de cercanía con ellos. A veces es más difícil que otras, pero en el caso de Lorena Rojas es muy claro que el cariño y admiración vertido por absolutamente todos los medios posibles y existentes fue de genuino corazón.

Y es que independientemente de que era una chava encantadora, resultó ser toda una luchadora a favor de otras mujeres que estaban pasando por lo que ella también. El maldito cáncer. Y ella nunca se detuvo en el empeño de crear conciencia para que otras personas y, en especial, mujeres se dieran cuenta a tiempo (cuando fuera posible) de la enfermedad y así poder tratarla con más posibilidades de sobrevivir, y bien.

Eso es valor y no tonterías. Yo me imagino hecha bolita en mi cama esperando a que me consolaran mis seres queridos. Lorena siempre fue para adelante y tal vez en estos momentos lo que nos queda pensar es en las vidas que habrá salvado con su ejemplo.

El juicio del "francotirador"

Alto ahí. Lo que les voy a escribir a continuación podría constituir un spoiler para quien no sepa nada de la vida de Chris Kyle, protagonista de El francotirador en la vida real. Bradley Cooper lo interpreta en la película de Clint Eastwood y por ello recibió una nominación al Oscar. El jueves podremos ya ver la cinta en México. ¿Pero han visto las noticias estadunidenses últimamente? (Si no quieren saber más, paren de leer ahora mismo).

La mayoría de estos medios están cubriendo de manera casi compulsiva el juicio contra Eddie Ray Routh, el asesino confeso de Kyle y de otro amigo en febrero de 2013. Esto no ocurrió en la guerra. Sucedió ya en casa, después de que Kyle hubiese regresado de Iraq varias veces y se hubiera convertido en un héroe nacional por ser considerado como el francotirador más letal de la historia de su país. Sucedió después de que escribió un libro con su historia. Pasó después de que conociera a Eastwood y empezaran a preparar la película. Hasta pudo conocer a Bradley Cooper, una vez, antes de que le quitaran la vida en un campo de tiro donde había llevado a Routh, a modo de terapia, para ayudarlo a superar la guerra. Los tres hombres eran veteranos y habían sufrido terriblemente para ajustarse a su realidad en casa.

El juicio está a todo lo que da. ¿La defensa? “Inocente debido a estar impedido de sus facultades mentales”. A la locura, pues. El asesino dice que los mató porque ellos no hablaban con él camino al campo de tiro. Y considera que ya lo perdonaron (los muertos) por ello. Claro que después de matarlos tomó la supercamioneta de Kyle, fue a comprar dos burritos de frijol y luego, al ser alcanzado por la policía preguntaba “si ya les había caído encima el apocalipsis”. La realidad supera, y por mucho, a cualquier ficción.

El caso es que la extraordinariamente exitosa película que podría funcionar también como un panfleto propagandístico a favor de los Navy Seals está presente en demasiados niveles estos días. Como contendiente del Oscar. Como debate acerca del control de armas y la definición de “héroe” estos días. Y, por supuesto, como la precuela de la gran nota roja de la televisión en Estados Unidos estos días.

¡Que alguien me explique!

¿Por qué no dormí en la nieve afuera de la NBC en NY solo para estar cerca del cuarenta aniversario de Saturday Night Live? ¿Por qué?

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