Estado fallido

Ya valió para pura palomita

Afilen las navajas o consigan una buena receta de un ansiolítico. Ya no habrá lugar donde esconderse ni susceptibilidad que quede intacta. Hasta los que no están enfermos de su teléfono pagarán las consecuencias. ¿Están listos? WhatsApp ahora se encargará de alimentar nuestros instintos más paranoicos y temores de abandono agregando una función que No se puede quitar. Repito No se puede quitar de su sistema.

¿Qué hicieron? Simplemente cambiaron de color las dos famosas palomitas. ¿Cómo funcionaba antes? Una palomita era mensaje mandado. Dos palomitas: mensaje entregado. Pero el color azul ahora quiere decir Mensaje Leído y eso no es bueno para la salud mental de nadie, nadie, nadie.

¿Sí entendieron, señores de WhatsApp? Nadie va a salir bien librado de esto. Parece que nos están vendiendo crack, pero con una substancia activa mucho más potente y al mismo precio. Bien por ustedes. ¿Pero qué van a hacer cuando comencemos a reventar nuestros teléfonos inteligentes en las cabezas del prójimo? En serio, ¿qué ya no existe la posibilidad de no estar al tanto de la última vez que cualquiera agarró su teléfono?¿Y quién va a pagar las cuentas psiquiátricas de todos y todas aquellos que lloren en ese diván porque él o la otra ya leyó el mensaje y no contestó.

Es cierto, la parte racional de nuestro cerebro tal vez nos recordará que igual esa persona estaba en el baño, en una junta, con retortijones, haciéndose manicura o simplemente sin una respuesta inmediata a cualquier ocurrencia instantánea. Es más, tal vez simplemente no se les pega la regalada gana contestar en ese preciso momento. Ah, pero la zona de nuestra mente que se encarga de que nos cargue el payaso emocional no va a permitir que procesemos ideas superiores a: “seguramente ya no me quiere”, “está con la otra/el otro”, “ya lo harté y seguro me va a mandar a volar”... en fin.

Como si no tuviéramos suficientes problemas en esta vida como el maldito autocorrector y  mandar ese mensaje perfecto a la persona equivocada: “Esta noche podemos estrenar ese juguetito que te compré”... “¿Qué juguete, hija?”. Oughhh. Ahora nos salen con esto.

Evidentemente no es la primera aplicación que hace esto. Yo hace unos años hice todo un estudio de lo propio que ocurría con la Blackberry y su deleznable “D”(entregado) y “R” (leído). El tema hasta derivó en un libro en el que yo advertía que el problema nacía, pero que simplemente iba a correr por diversos sistemas operativos o aplicaciones distintas. Pues bien. El monopolio del desmoronamiento de nuestras ciberemociones está llegando a su esplendor. Y no tiene caso engañarnos. O tenemos la enfermedad de los mensajes instantáneos o no. Si no la tienen, los felicito y admiro. Pero si sí sufren de ella, esto es como graduarse de un simple catarro al ébola. Gracias WhatsApp. Muchas gracias.

¿En serio?

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susana.moscatel@milenio.com