Estado fallido

Las vaginas callaron

Es una triste noticia saber que después de un mes, y a pesar del éxito obtenido, Los monólogos de la vagina terminan con su presencia en el Westside Theatre de Nueva York debido a la falta de preventa. Cuando hablo del éxito obtenido no es solo con la crítica, que fue real, ni el interés que provocó la obra, que sí lo obtuvo (el NY Times le dedicó artículo tras artículo).  Hablo en parte de esos teatros llenos y de los aplausos y ovaciones de pie. Pero eso no es todo. Hablo del hecho de que se logró llevar una obra que nació allá de regreso al teatro que la vio nacer, pero ahora en nuestro idioma, con nuestra gente, casi 20 años después.

Habrá mucha especulación. Muchas opiniones. Está el argumento, razonable me parece, de que el texto ya ha sido superado por la modernidad. Que las mujeres de hoy (latinas o no) ya no necesitan darse permiso para enfrentar estos temas y menos en ciudades cosmopolitas como Nueva York. Habrá quien piense que no había un público específico para esta versión que sigue funcionando en México, pero que allá terminó ya hace tantos años.

Pero la verdad es dura, contundente y se trata de dólares. Y de preventa. Nadie sobrevive en Broadway sin preventa. Los costos, por sindicatos y simplemente los sueldos, son impagables si no hay muchos meses vendidos por anticipación. Y resulta ser que el público latino no tiene precisamente esa costumbre. La de anticiparse. Solemos ser más espontáneos y decir ¿qué hacemos hoy? Así, pues no se pudo.

 Sea como sea, un aplauso de pie a Morris Gilbert, Federico González Compean, Jaime Matarredona, Andrés Naime y a todos los que pusieron su corazón su tiempo y su dinero en hacer esto una realidad. Puede leerse como una muy mala noticia. No son buenos tiempos para el teatro en general. Y sí, debo necesariamente admitir que esta historia me toca muy cercana. Pero el hecho es el siguiente: se hizo. Y se hizo muy bien. Eso nadie ni nada lo va a cambiar ahora.

 Y con eso en mente

Debo decir que en estos días dedicarse al teatro es para los temerarios. Tengo demasiados amigos en este negocio como para no darme cuenta de cuánto está cundiendo el pánico por la falta de público, en México y en otros lugares también. La última semana no ha pasado un solo día sin que se anuncie que cierra alguna muy buena obra en Broadway. Sin embargo, seguimos viendo valientes hombres y mujeres de las tablas haciendo un esfuerzo tras otro porque el teatro no se detenga. Generando ofertas milagrosas con sabor a Mundial para que la gente se aviente al teatro. Estrenando, estrenando y estrenando a pesar de cualquier mal pronóstico, porque no saben cómo vivir en un mundo sin teatro.

 Gracias. Gracias por ello. Por favor, nunca dejen de hacerlo. Desde las comedias más ramplonas hasta el teatro más experimental. Desde los musicales más caros hasta los espectáculos de cabaret para veinte personas. ¿Saben qué? Son mis héroes. Mucho más que cualquier balón dentro de cualquier portería.

¿En serio?

¿El Presidente dijo que una de las dos cosas que tenía en común con la industria tequilera era la telenovela de su mujer? 

susana.moscatel@milenio.com