Estado fallido

La trompa de Trump

¿Creen que solo en México votamos por candidatos porque los vimos en la tele? ¿Que tener un nombre que la gente reconozca, ya sea para bien o para mal, no es una gran ventaja a la hora de la votación? ¿Que decir ridiculeces constantes debería ser buena razón para descalificar a alguien de tener una carrera política?

Ojalá pudiéramos quejarnos. Pero somos el país donde gobernará Cuauhtémoc Blanco, que si bien es un hombre querido no es, precisamente, un politólogo de profesión. También somos el país donde el partido en el poder nombró a Sabrina Sabrok en el puesto honorario de representante de la comunidad gay (y luego hicieron como que nada de eso ocurrió) y que impulsó a Carmen Salinas para que nos represente en la Cámara.

A Donald Trump lo conocí en el mismo lugar que conocí a estos personajes, hace muchos años: en las revistas de chismes o los tabloides. No es que ellos no tuvieran extraordinariamente exitosas carreras antes de ello. Todos ellos las tuvieron, ya fueran como actriz, futbolista o empresario. Pero todos se convirtieron en personajes mediáticos por sus opiniones personales, sus vidas privadas y sus escándalos particulares. Por eso son reconocidos.

Trump en particular, primero por sus divorcios y su ridículo peluquín. Luego por una de sus tantas bancarrotas que aparecieron en todos los diarios. Más adelante por sus ridículos ataques contra Barack Obama, exigiendo que demostrara con un acta de nacimiento que no había nacido en África. Cuando el presidente lo hizo, pidió que demostrara que no fuera falsa. Y claro, más o menos por esos tiempos por su reality show donde empujaba los comportamientos más depredadores en un contexto empresarial, pero rodeado de famosos de la lista B (o de segunda).

Por supuesto, este hombre que quiere ser presidente es más conocido en nuestra nación como el personaje que exigió que no se hicieran negocios con México. Y claro, en el contexto de “famosillo de derecha” en el que se ha encapsulado y vendido todos estos años funcionó muy bien. A la derecha norteamericana no le molesta dar el tufo de racismo. Lo escudan, como lo hace Trump seguido, como su noble batalla por recuperar a lo que ellos consideran es el mejor y único país del mundo que se ha ido a la fregada por culpa de los liberales. Y Hollywood. Y, claro, los mexicanos. Este es el hombre que quiere ser presidente de Estados Unidos. ¿Habrá suficientes reaccionarios caucásicos que odien todo lo que no se parezca a ellos que lo respalden? O este es uno de sus nuevos dramas con el simple objetivo de seguir protagonizando algún medio de comunicación. Ya veremos.

¿En serio?

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