Estado fallido

A través del Periscope

Llevo diez días desde que fui inducida al vicio y no dejo de pensar en las serias consecuencias que Periscope puede tener en mi vida, tanto en lo personal como en lo profesional. Tampoco puedo dejar de pensar que cada vez que veo algo remotamente interesante, me gustaría transmitirlo en vivo. Trato de controlarme. Lo he logrado a medias. Pero sé que no estoy sola.

El hecho de que ya exista una aplicación que nos permita trasmitir en vivo prácticamente cualquier aspecto de nuestras vidas es el sueño dorado de cualquier megalómano. Y, admitámoslo, casi todos los que estamos en este negocio lo somos. Como periodistas, si lo intentamos hacer bien, más o menos encontramos una restricción en el fundamento de que el reportero nunca debe ser la nota. Eso más o menos nos tenía bajo control. Eso no suele aplicarse en Periscope.

Cuando Twitter reventó, básicamente después de la muerte de Michael Jackson hace poco más de seis años, recuerdo haber escrito mucho al respecto. Muchos me decían que estaba obsesionada con una moda pasajera. Les decía que no. Que, aunque se transformaría, había llegado para quedarse y que nada sería igual después. No lo ha sido, para bien y para mal. Pero ahora Twitter ya tiene oficinas en nuestro país y enseguida se siente la cercanía. Es lo mismo con su nueva herramienta, Periscope. ¿Así que qué hacer con ella? ¿Una versión live del fantástico créme brulée que me comí? ¿Presumir que fui al gym? ¿Reportear con el habitual rigor que pretendo tener?

Sé que hacer un programa de radio es muy divertido mientras estamos periscopeando, pero también sé que tengo que aprender a no distraerme tanto. Soy mujer, puedo hacer 17 cosas al mismo tiempo. Pero hay límites. Sé que fue muy emocionante enseñarle la herramienta a don Héctor Suárez y escucharlo decir que desde su próximo ensayo la usará. Eso se puede poner muy divertido.

Pero también sé que los últimos días transmití completamente en vivo todos los nuevos shows de Disneylandia. Pregunté y como no estaba prohibido, estaba permitido. Es un lugar que con buena razón ya niega el acceso a los selfie sticks, así que seguramente pronto tomarán decisiones al respecto. Creo. También lo traté de hacer en el concierto de mi banda actual favorita, los Imagine Dragons, en Anaheim, y afortunadamente la aglomeración no me lo permitió. Digo, afortunadamente, porque sé que me hubiera perdido de mucho por estar transmitiendo. A veces, aunque uno sea reportero de espectáculos, solo hay que vivir las cosas, ¿no?

En la acreditación de prensa a eventos como los Emmy, por ejemplo, ya te piden que no transmitas en vivo si es que tienes acceso a la alfombra roja. Tiene sentido, es un espacio exclusivo de cobertura. Los que llegamos ahí suele ser por el medio y el trabajo que haremos con ello. ¿Cómo controlar el Periscope ahí? ¿Lo que se dice? ¿Lo que se hace? ¿La imagen de las cosas que tanto ha costado generar?

Así que esto está a punto de ponerse interesante. ¿Nos va a comer el mandado esta herramienta? ¿Los contenidos tradicionales ahora sí fueron condenados a muerte?  ¿Ser un buen reportero de espectáculos depende de la calidad del Wifi? Sigo creyendo que el contenido manda. Pero me pregunto si con las nuevas formas de hacerlo llegar a la gente también cambiará lo que quieren ver. Me asusta, pero me gusta estar en este embrollo tecnológico.

¿En serio?

¿Otra vez andan con eso de que quieren que Gobernación corra a Laura Bozzo del país? ¿Qué no entienden que no va por ahí? ¿Que la mujer ya es mexicana?  

susana.moscatel@milenio.com

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