Estado fallido

Esa terca tele abierta

Mientras aparecen los primeros postores oficiales para la o las nuevas cadenas de televisión abierta en México, hay muchos otros que se están concentrando en otra cosa: contenidos para streaming. Y sí, volvemos por esa batalla del ancho de banda que tantos titulares de negocios y política se han llevado pero ¿se han dado cuenta de lo que está ocurriendo con los contenidos que se distribuyen de esa manera estos días?

 Ya lo sé, muchos dirán que eso es para una élite (cosa que decían de la telefonía celular e, incluso, de los radiolocalizadores hace no tanto), dirán también que es imposible pensar en un México completamente conectado, y que lo que cualquier persona reconoce en los más recónditos rincones de nuestra nación son a las heroínas de las telenovelas y a las conductoras de Hoy. He escuchado, incluso a últimas fechas, la soberbia de algunos ejecutivos de televisoras decir que eso no va a cambiar en nuestras vidas (tal vez nuestros nietos, acotaron). Consideran varios que aún no hay competencia y no se imaginan, ni en tono de comedia, que el pastel vaya a cambiar en la forma en la que es dividido. Se equivocan.

 En términos tecnológicos todo es cuestión de tiempo. Y claro, muchas batallas. En Estados Unidos, por ejemplo, ahora mismo se debate de manera urgente el tema del acceso y el pago al ciberespacio, el cual ya muchos consideran que es un derecho constitucional. Discuten si hay que cobrar más a quienes lo usan más, como la luz y el agua, por ejemplo, y ahí es donde se pone muy interesante. ¿Se acabará cobrando más por tener acceso a servicios de streaming? ¿Lo que se decida ahí afectará al resto del mundo? ¿Afectará al interés de producir ya para la red como medio primordial? La respuesta, con ejemplos como los servicios de Hulu y de Netflix, parece ser un contundente no. No solo no va a afectar los deseos de invertir y producir más para ese nuevo medio, sino que estamos al borde de ver una desbandada respecto a los formatos tradicionales de transmisión a nivel global y, sí, pronto nacional. Muchos que antes no pensaban más que en el cine o la televisión abierta ahora solo buscan producir para streaming. Y es solo el principio. En México, por ejemplo, ya viene la primera serie de los creadores de Nosotros los Nobles para Netflix. Y todos los demás (aquellos que no están ligados en exclusiva a las televisoras, claro) ya levantaron la mano y están proponiendo y produciendo series.

 Para los que sigan pensando que solo la televisión abierta, por cuestión de números, tiene impacto incluso en la política nacional, solo hay que considerar el fantástico (para no decir anonadante) encuentro entre Frank Underwood (Kevin Spacey aseguró que estaba en personaje) y el presidente Peña Nieto. Eso nunca hubiera ocurrido antes, ¿o sí? ¿O acaso se imaginan a María Rubio visitando a Miguel de la Madrid y luego aclarando que la que verdaderamente se había identificado con el presidente era Catalina Creel?

 Para los muy enterados, decir que el verdadero futuro está en la red y no en la televisión tradicional no es la más remota novedad. Pero los hechos, el impacto y la influencia de los mismos ya nos alcanzaron. Por ejemplo, Netflix está invirtiendo millones de dólares en una superproducción que recorrerá al mundo con las travesías de Marco Polo. Nunca se había hecho algo así para el formato. Y en televisión, solo HBO se ha atrevido (y triunfado) con estas escalas de ambición y presupuesto. Y mucho más rápido de lo, que a cualquier ejecutivo de televisora le gustaría admitir, tarde o temprano veremos a los sólidos ratings, con los que contaban como mandato divino, diluirse ante lo que se les viene encima. No, ya no es solo para la élite.

 ¿Pero qué necesidad?

De seguir matando a la misma gente en Twitter todos los días. Dejen en paz ya a Chespirito, Juan Gabriel, Chabelo y hasta Raphael. ¡Por favor!

susana.moscatel@milenio.com