Estado fallido

Ojo: Adrián Uribe fue la víctima

Era de esperarse, pero desde que el comediante tuvo a bien poner un tuit en el que se quejaba por la inseguridad de nuestra ciudad era obvio que habría consecuencias. Habló de algo que tristemente no es ajeno a nadie, de un asalto a mano armada en un lugar público, supuestamente seguro, donde nadie pudo hacer nada.

Ahora, lo que me parece sintomático y todavía más triste del evidente asunto de inseguridad que nos aqueja fue la crítica al asaltado, porque su reloj costaba una cantidad reportada de 200 mil pesos. Miren, no soy precisamente la porrista número uno del trabajo de Adrián Uribe, pero puedo reconocer que su éxito se lo ha ganado trabajando, trabajando y trabajando. Y más importante aún, dándole en el clavo a los personajes que aún hacen reír a millones de personas. ¿Por qué no habría de poder comprarse el reloj que quiera si es producto de su indiscutible triunfo profesional?

Y digo esto por todas las críticas que se publican en portales, redes sociales e incluso algunos programas de entretenimiento. Está bien, no vale la pena salir con cosas de ese valor en una ciudad tan peligrosa como la nuestra. Está bien, se nos podrían ocurrir 50 millones de cosas mejores que hacer con 200 mil pesos si los tuviéramos. Pero no olvidemos que los criminales aquí, los que deberían ser perseguidos y denostados son los asaltantes.

Vivimos en una sociedad que castiga y critica el éxito. Y perdón, pero hasta donde yo sé el reloj de Adrián no lo pagamos con nuestros impuestos. Pero la supuesta y más mínima seguridad que tendríamos que tener para que no pasen estas cosas cada día. En la lateral del Periférico, en cualquier calle, en los restaurantes, donde sea, ese dinero viene de nuestras bolsas y nuestro trabajo.

¡Que alguien me explique!

¿Qué no habían pasado ya los tiempos en los que los medios de la competencia se volaban una nota y para no dar crédito a quien la trabajó la inician con “cuentan que…” o “Una comadrita nos platicó”.

¿El público sigue aceptando información de este tipo? ¿Les preocupará la veracidad de los detalles con los que ensalzan una información de la que se enteraron a medias? Estamos atrapadas entre la crisis de la generación millennial donde con que una información parece verosímil solo por el hecho de que apareció más de una vez en Facebook y la generación de nuestras mamás/abuelas —quienes se sienten satisfechas solo por saber que alguien le contó a alguien más que conocía a alguien que trabaja en un programa de radio—. Para que el contenido siga siendo rey en estos días ¿debe ser verdadero?

¿En serio?

¿Van a seguir con su reto maniquí? ¿Cómo para qué? ¿Qué clase de placer les da?

Twitter: @SusanaMoscatel