Estado fallido

t.a.T.u., Sochi y la homofobia

Los Juegos Olímpicos de invierno han tenido todo tipo de matices. Ante todo es muy divertido ver campañas en el cine donde hay varios atletas de lugares como Chile y Argentina diciendo “soy latinoamericano”. A falta de un Cuarón, un Chicharito, hay que tratar de generar una identificación,  ¿no? Sobre todo cuando se compraron los derechos y hay un proyecto tan grande respecto a la cobertura deportiva que inicia aquí.

Pero la verdad es que la nota de espectáculos e interés humano más interesante de esa inauguración poco tiene que ver con las regiones y mucho que ver con los mensajes políticos y sociales que se tratan de mandar. Básicamente, ¿qué demonios hacía el grupo t.a.T.u. ahí? Les puedo asegurar que si hay un evento de esta magnitud en Ibiza no invitarían a Locomía. El tiempo ha pasado y el recuerdo de estas dos mujeres rusas, que en su momento vendían su música a través de juegos sensuales y lésbicos, ya quedo atrás por mucho. ¿Entonces? En una Rusia tan criticada por la persecución a la gente gay, ¿qué pasaría si t.a.T.u. tratara de hacer carrera ahora?  ¿Les iría como a las Pussy Riot? ¿Acabarían en la cárcel? ¿Lo podrían hacer siquiera? ¡Claro que no! Pero como años después admitieron que todo era mercadotecnia y que lo suyo, lo suyo, lo suyo era la testosterona, entonces está bien ¿no? Es más, hasta se juega con un mensaje de “se puede reformar la homosexualidad”, que haría que los responsables de la revista del Colegio Miraflores brincarán de alegría.

¿Qué tiene que ver esto con el espíritu olímpico? Absolutamente nada. Y seguramente en Sochi siguen más angustiados por el aro que no se encendió durante la ceremonia, que por lo que podamos pensar respecto a sus selecciones artísticas (la soprano estuvo magistral). Pero de que es un punto que hay que reconocer y señalar,  ¡vaya que lo es!

El caso Woody, ¿ahora qué?

Ya se dieron hasta con la cubeta en los alegatos contra Woody Allen por parte de su hija adoptiva, Dylan Farrow. Ya se publicaron cartas, editoriales, respuestas, contrarrespuestas y todo mundo ha tenido una opinión respecto a esto, que pudo o no haber sucedido hace 20 años. ¿Ahora qué? ¿Castigar a Cate Blanchett no dándole ese Oscar que nadie merece más por Mejor Actriz? ¿Quemar toda la obra de Woody Allen? ¿Sintonizar con alegría y atención el programa de Roman Farrow, que casualmente está por debutar después de que un tuit suyo y de su madre Mia desató de nuevo este tema? Asumo que nada de lo anterior. Si los últimos 20 años pudo usted gozar la obra de Allen, entonces ahora no ha cambiado. Si apenas se va enterando de todo, pues bienvenidos al circo. Pero la verdad es que haya ocurrido lo que haya ocurrido, la información y opiniones que se ha aventado como lodo los últimos días, en realidad no cambia las cosas. Cada quien sabrá.

¿En serio?

¿Andan bien entristecidos porque Joan Sebastian se retira del jaripeo? 

susana.moscatel@milenio.com