Estado fallido

'Las salchichas': más allá del albur

“¿Debo de llevar a mis hijos menores a ver La fiesta de las salchichas?”, me han preguntado una y otra vez desde que publiqué que ya había podido ver la alucinante cinta de Seth Rogen y Evan Goldberg. “¡¡No, no no!!”, les he dicho una y otra vez. Pero ustedes, adultos sin vergüenza, no se la deben perder.

Muchos me dirán que ya enloquecí. ¿De verdad estoy diciendo que hay que ver una cinta donde una salchicha de supermercado solo sueña con ser comprada e ir al más allá, donde todo será felicidad? (El más allá son las puertas de la tienda) ¿Y que esa felicidad no podrá ser completamente realizada si no lo hace al lado del (la) pan para hotdog que tanto adoro y que solo puede ver a través del plástico desde donde están acomodados en el anaquel? Pues sí, enloquecí un poco. Salí del cine diciendo: “¿Qué carajos fue eso?”, pero lo hice fascinada y feliz de haberme aventado esta aventura que incluye orgias entre las verdolagas (no es albur… del todo). Es una animación bastante más inteligente de lo que muchos querrían pensar.

De entrada, es todo un reto al dogma per se. Una exaltación del pensamiento crítico y un exhorto a que pensemos que no todo, por ser tradición, es necesariamente bueno. Es una manera didáctica y un tanto enferma, sin duda, de recordarnos que algunos de los peores momentos de la humanidad han ocurrido porque decidimos no cuestionar y actuar en masa y en base a lo que nos dijeron que era una verdad absoluta. Y aunque la terrible verdad esté del otro lado de la puerta, no hay forma que eso nos detenga cuando queremos creer algo.

Claro, también hay detalles simplones y hasta estereotípicos de risa loca, como Salma Hayek interpretando una tortilla (de esas gringas duras y horribles) lésbica. O la manera en la que el Falafel y el Humus (o el begel y la pita) se quejan constantemente porque la situación geográfica del lugar las ha obligado a compartir un pequeño y apretado anaquel.

Cualquier parecido al mundo humano y sus atrocidades e inocencias es absolutamente voluntario, exagerado y delirante.

Pero lo que es en realidad divertido es ver estas terribles, y en ocasiones sangrientas historias, contadas no solo con una animación nivel Pixar, sino con una visión completa de lo que se necesita para poder contar una gran historia.

Compadezco mucho a los padres que tengan que explicarles a sus hijos por qué no pueden entrar a ver la película con la simpática salchichita en el póster. Pero compareceré mucho más a los que se rindan y luego tengan que dar explicaciones. Ahora que si usted ya está en edad para poder manejarlo, vea La fiesta de las salchichas. Sé que es un humor que no todo mundo comparte, pero de que es inteligente, bien logrado, brillante, atrevido, de mal gusto y enfermo, lo es.

¿En serio?

¿Pedro Almodóvar dijo que Hillary encaja perfecto dentro de ese extraño grupo de Mujeres Almodovar? ¿En qué? ¿O cómo? No la van a nombrar Chica Bond mañana, ¿verdad?

susana.moscatel@milenio.com