Estado fallido

Perra compañía

Tengo dos parejas de amigos que se han peleado terriblemente por un cruel engaño. En un caso fue la mujer quien hizo lo que de forma definitiva lastimó a su pareja y en el otro fue al revés. Estoy hablando de un engaño capaz de provocar peleas, llantos, divorcios. Estoy hablando de no esperar a tu pareja, cuando así había sido acordado, para ver el siguiente capítulo de la siguiente serie que se estén devorando juntos.

Por eso me causó tanta gracia el estudio que me mandó la gente de Netflix proponiendo una opción a semejante situación. O incluso, para quienes tienen otro tipo de compañeros que no se andan colgando de la lámpara porque ya soltaste lo que Claire acabó haciendo al final de la más reciente temporada y lo afortunado que eso resultó para la vida real, “¡No que no sabías, infiel! Y yo aquí, como Penélope esperando a que tengas tiempo”.

En fin, ya sea por diversión, observación social o mercadotecnia debo decir que me cayó de maravilla el análisis comisionado a Survey Monkey en más de 25 países, incluyendo México, respecto a cuántas personas prefieren guardarse esos “maratones” para compartir con sus mascotas, siempre mucho más accesibles con sus tiempos y gustos, que con sus humanos preferidos.

Resulta que después de Brasil y Colombia, compartimos el record de ver más series con nuestros animalitos de compañía en Latinoamérica. Pero eso no es lo que más risa me dio. Una, que se dan cuenta hasta de los hábitos que no se notan con el constante clic de nuestros controles remotos. Como el soborno. Sí, el soborno. Con tal de que el amigo fiel no se vaya, un 34% de nosotros (me declaro culpable) los hemos sobornado con comida con tal que no se vayan a explorar otras aventuras en la casa.

Cuando vi el 8% de personas que juran que le han cambiado porque su mascota simplemente despreciaba cierta serie me reí. Y luego me acordé de que yo no puedo ver Black Mirror con mi perro porque empieza a aullar. Tratando de ser racional, asumo que él percibe que me estoy poniendo más allá de lo nerviosa que puede considerar tolerable con esa serie. No porque esté preocupado sobre cómo, un oscuro futuro ya nos alcanzó, pero aún así tuve que reír, una más para las estadísticas.

Donde en definitiva no estoy es en el 22% que asegura haber creado un perfil especial para sus perros ¿pues qué les ponen? La única película de perros que me atrevo a ver sabiendo a medias que no acabaré con una depresión aguda por la muerte de su protagonista es SuperCan. Tal vez Bejni. Pero mi perro no podría importarle menos.

Eso sí, como buen macho Alpha de tres kilos y medio que es, el mío está en el primer motivo por el cual la gente está prefiriendo, en ciertos casos, entrarle a la tele sin fin con sus animalitos y no sus humanos: ¿cuántas horas puedes cucharear con una persona sin que se mueva y arruine todo? Porque yo no sé ustedes, pero el mío cuando ya está cómodo, no hay poder humano ni fin de una serie que lo mueva. Y por eso en el estudio salió dentro del 34% como mejor compañero televisivo.

Por cierto, de esas dos parejas que les conté al principio, una ya está en trámites de divorcio, aunque no estoy segura que “me engañó con Netflix” sea aún una causal legal.

¿En serio?

¿Me han llegado llamadas desde Chile y Perú pidiéndome opiniones sobre la verdadera relación sobre la Reina Sofía y la Reina Letizia? ¿Qué en esta vida les hace creer que quien les escribe o cualquiera sabría eso más que ellas?  

@SusanaMoscatel