Estado fallido

El disco de Harry Styles

Me lo dijo mi amiga que más sabe de buena música y pensé que se estaba burlando de mí. Después de todo, a pesar de reconocerles el talento, el estatus de boy band de One Direction no me dejaba sacarlos de mi lista mental de placer culposo. Eso a pesar de que estaban presentes en todas mis playlists para correr y, sin la menor duda, en los recuerdos emocionales de los últimos años en los que yo ya no era una adolescente obsesionada como (lo que pensaba yo) era el resto de su público.

Así que admito que me dio un poquito de coraje cuando supe que la banda se estaba desintegrando. No, no lloré afuera del hotel Four Seasons en Reforma como miles de fans la última vez que estuvieron aquí (sabíamos que seguramente sí sería la última) pero me dije a mí misma: “Ah, condenados millennials, no aguantan nada”.

Y luego me acordé de mí, mucho más joven, haciendo el mismo coraje por Take That y ahora considerando que lo mejor que le pudo haber pasado al Brit Pop por años y años fue la liberación (y brillante enloquecimiento, sin duda) de Robbie Williams.

Así que cuando mi amiga me dijo: “Tienes que escuchar el nuevo disco de Harry Styles”, le hice caso. Ella no es precisamente conocida por su afición al pop simplista. Y Styles, a menos que fueras fan de la banda o conocedor, no parecía ser alguien que se aventaría al R&B, al dolor de la pérdida, a alguien que quisiera superar un poco más de lo esperado lo que esperábamos. En otras palabras, pasé todo el fin de semana sintiéndome como cougar musical y al final el trabajo el chico de 23 años logró que superara mis prejuicios (más contra mí misma que contra las nuevas generaciones musicales) y acabó gustándome. Mucho.

Hay momentos en los que no puedo evitar sentirme un poco manipulada. Digo, el álbum empieza con los mismos tres acordes que “Blackbird”, que cada vez que escucho en voz de Paul McCartney me hace querer llorar de una emoción distinta. Y sí, hay dejos e influencias de muchos de los grandes a través de esta primera propuesta como solista. Cosas como referencias a Netflix que están destinadas a dejar esa canción en particular anclada a este momento de la historia y letras que de pronto sorprenden, porque son mucho más emotivas de lo que Styles había mostrado antes. Pero funciona. Y no importa si eras fan culposo de One Direction, si eres una de esas niñas que no quieren saber de ellos porque se sienten completamente traicionadas o si estás buscando repetir la experiencia de “intentaré que Robbie Williams se encuentre con los Beatles en un ambiente controlado”. El hecho es que es música que uno puede gozar, no importa en qué momento esté en su vida.

Miren, hemos perdido en los últimos años a los verdaderos grandes. A aquellos que a través de la música nos regalaban mundos enteros, donde nuestras emociones más inexplicables se podían de pronto colocar en nuestro existir a través de una canción. No digo que Styles haya llegado ni remotamente a los niveles de Bowie, Prince o Lennon en su primera entrega como solista, pero muestra toda la madera, puede conmover y para los que volteábamos hacia todos lados preguntándonos si realmente esta era la segunda era de la muerte de la musuca pop/rock (digo, con eso de “Despacito” dominando Billboard y todo) a mí sí me dio esperanza este disco, que comparte nombre con su músico.

Styles estará mañana en el Lunario (de seguro será la última), hay un brutal documental al respecto (donde, entre otras cosas muestra su emoción y respeto por haber llegado a grabar en Abbey Road y hay un buen disco pop esperanzador, bastante fresco, en todas las plataformas. Y no, no es un placer culposo. Gracias por reconocer a los pilares de la música, Harry. De aquí en adelante estaremos muy pendientes.

¿En serio?

¿Alguien se sorprendió por las declaraciones de Robin Wright (Claire Underwood)  al decir que “Trump les robó todas las ideas de House of Cards? ¿Qué vendrá primero? ¿Los juicios de Impeachment o el intento de cambiar la Constitución para que Melania pueda ser vicepresidenta?

¿No sería más bien Ivanka —aunque— cambiaría un poco la línea dramática? ¿Pueden esperar para el estreno de la quinta temporada? (Yo no).

Twitter: @SusanaMoscatel

Me lo dijo mi amiga que mássabe de buena música y pensé que se estaba burlando de mí. Después de todo, apesar de reconocerles el talento, el estatus de boy band de One Direction no medejaba sacarlos de mi lista mental de placer culposo. Eso a pesar de queestaban presentes en todas mis playlists para correr y, sin la menor duda, en los recuerdos emocionales delos últimos años en los que yo ya no era una adolescente obsesionada como (loque pensaba yo) era el resto de su público.

Así que admito que me dio unpoquito de coraje cuando supe que la banda se estaba desintegrando. No, nolloré afuera del hotel Four Seasons en Reforma como miles de fans la última vezque estuvieron aquí (sabíamos que seguramente sí sería la última) pero me dijea mí misma: “Ah, condenados millennials, no aguantan nada”.

Y luego me acordé de mí, muchomás joven, haciendo el mismo coraje por Take That y ahora considerando que lomejor que le pudo haber pasado al Brit Pop por años y años fue laliberación (y brillante enloquecimiento, sin duda) de Robbie Williams.

Así que cuando mi amiga me dijo:“Tienes que escuchar el nuevo disco de Harry Styles”, le hice caso. Ella no esprecisamente conocida por su afición al pop simplista. Y Styles, a menos quefueras fan de la banda o conocedor, no parecía ser alguien que se aventaría alR&B, al dolor de la pérdida, a alguien que quisiera superar un poco más delo esperado lo que esperábamos. En otras palabras, pasé todo el fin de semanasintiéndome como cougar musical y al final el trabajo el chico de 23 años logró que superara misprejuicios (más contra mí misma que contra las nuevas generaciones musicales) yacabó gustándome. Mucho.

Hay momentos en los que no puedoevitar sentirme un poco manipulada. Digo, el álbum empieza con los mismos tresacordes que “Blackbird”, que cada vez que escucho en voz de Paul McCartney mehace querer llorar de una emoción distinta. Y sí, hay dejos e influencias demuchos de los grandes a través de esta primera propuesta como solista. Cosascomo referencias a Netflix que están destinadas a dejar esa canción enparticular anclada a este momento de la historia y letras que de prontosorprenden, porque son mucho más emotivas de lo que Styles había mostradoantes. Pero funciona. Y no importa si eras fan culposo de One Direction, si eresuna de esas niñas que no quieren saber de ellos porque se sienten completamentetraicionadas o si estás buscando repetir la experiencia de “intentaré queRobbie Williams se encuentre con los Beatles en un ambiente controlado”. Elhecho es que es música que uno puede gozar, no importa en qué momento esté ensu vida.

Miren, hemos perdido en losúltimos años a los verdaderos grandes. A aquellos que a través de la música nosregalaban mundos enteros, donde nuestras emociones más inexplicables se podíande pronto colocar en nuestro existir a través de una canción. No digo queStyles haya llegado ni remotamente a los niveles de Bowie, Prince o Lennon ensu primera entrega como solista, pero muestra toda la madera, puede conmover ypara los que volteábamos hacia todos lados preguntándonos si realmente esta erala segunda era de la muerte de la musuca pop/rock (digo, con eso de “Despacito”dominando Billboard y todo) a mí sí me dio esperanza este disco, que compartenombre con su músico.

Styles estará mañana en elLunario (de seguro será la última), hay un brutal documental al respecto(donde, entre otras cosas muestra su emoción y respeto por haber llegado agrabar en Abbey Road y hay un buen disco pop esperanzador, bastante fresco, entodas las plataformas. Y no, no es un placer culposo. Gracias por reconocer alos pilares de la música, Harry. De aquí en adelante estaremos muy pendientes.

¿Enserio?

¿Alguien se sorprendiópor las declaraciones de Robin Wright (Claire Underwood)  al decir que “Trump les robó todas las ideasde House of Cards? ¿Qué vendrá primero? ¿Los juicios de Impeachment o el intento decambiar la Constitución para que Melania pueda ser vicepresidenta?

¿No sería más bien Ivanka —aunque— cambiaría un poco lalínea dramática? ¿Pueden esperar para el estreno de la quinta temporada? (Yono).