Estado fallido

No nos ‘empoderen’ y Uma

Cada vez que escucho a un político decir: “Empoderaremos a la mujer”, y ustedes saben quiénes son (demasiados, por cierto), siento una especie de náusea emocional invadirme. Es muy fácil responderles, como lo hemos hecho innumerables veces por Twitter: “No, pues muchas gracias, hombre, macho, rey de la selva”, por darnos el “poder” de tener “poder”.

Es tan condescendiente que a muchos se les pasa de noche que en sus palabras está implícito que ellos creen que el hecho de que estemos en una situación de equidad es una generosidad de su parte. En el caso de los políticos, prácticamente en una especie de “concesión”, a cambio de votos. A cambio de una imagen que sus despachos de propaganda y relaciones públicas les dijo que era conveniente. Sobre todo, cuando se dan cuenta de ese molesto detalle de que ahora que se fregaron y las mujeres no solo pueden, sino que salen a votar (en muchos lugares más que los hombres) cada una de esas papeletas valen lo mismo. Y sea de Juan o de Juana.

En el cine ocurre algo similar, y la historia que al fin decidió revelar el pasado fin de semana Uma Thurman lo demuestra. ¿Qué papel ha empoderado más a la mujer que el de la novia en las cintas de Kill Bill? ¿Qué nos ha hecho sentir que podemos contra aquellos que han abusado de nosotras, que nos han lastimado, usado, denigrado y aplastado?

Nadie lo hizo mejor que Uma en su momento. Y no estoy diciendo que sus tácticas sean las adecuadas para conseguir lo que queremos, pero simbólicamente, esa película fue muy importante para muchísimas personas. Incluyendo los hombres que se enamoraban del a imagen de la mujer que sobrevive de las cenizas y llega literalmente hasta las últimas consecuencias por conseguir justicia. Por eso es aún más devastados saber que todo esto fue un regalito por parte del acusado de ser un violador serial que bien conocemos ahora como el Weinstein, el terror de Hollywood.

Que Uma haya esperado a hablar, respecto a las veces en las que este hombre hizo todo lo que pudo para tener sexo con ella, cuando supuestamente eran juntas de trabajo es devastador. Y es casi de risa loca escuchar la respuesta del abogado de Weinstein al decir que fue un auténtico error de comunicación de su parte, porque él creía que ella estaba en una relación de flirteo con su estrella. ¿A poco el productor era tan estúpido? Embriagado con su propio poder, quizás.

Lo que más duele de esta historia es que Quentin Tarantino no salió bien librado tampoco. No porque él sea acusado de abuso sexual, sino por el accidente de automóvil que Uma dice que sufrió durante las filmaciones, porque él la empujó, le mintió diciendo que el vehículo que manejaba era seguro y el cual acabó estrellando contra un auto, lo cual ella asegura que fue la gota que derramó el vaso en una serie de situaciones que la acabaron devastando para siempre.

Tarantino se separó de Weinstein enseguida, cuando los escándalos se hicieron públicos. Fueron incidentes desafortunados, uno muy distinto del otro, pero en ambos casos, con una película de culto (y sus secuelas) sobre el poder de la mujer, se requirió que dos hombres dieran las ordenes que resultaron en dejarla lastimada. En todos los sentidos.

Por eso se requieren más mujeres directoras. Y directivas. Y en todos los puestos donde importa en todas las industrias y contextos, porque la narrativa de lo que le pasó a Uma Thurman tantos años después, pero nunca tarde, tal vez sirva para que muchos entiendan que no queremos que nos empoderen. Solo que nos dejen ser lo que somos. Seres humanos con deseos, ambiciones, pasiones, errores y grandes capacidades de decisión, igual que ellos.

Twitter: @SusanaMoscatel