Estado fallido

Y tú, niña,¿por qué quieres salir en la "tele"?

Hay personalidades para todo y el juego de la fama tiene reglas muy específicas. Crueles en la mayoría de los casos. Y flexibles solo en las ocasiones en las que el beneficio sea excepcional (para la televisora, por supuesto). Pero algo está cambiando en México.

 Para los que crecimos en la generación de Juguemos a cantar verdaderamente el mensaje permeó con todo. No había nada más extraordinario que hacer alguna gracia en esa extraña cajota que decoraba la sala de las casas. Ya tu suerte dependía completamente en que tus padres te ubicaran o cayeran en la misma trampa. Yo, por ejemplo, y sí confieso no sin mi buena dosis de vergüenza, que cuando Sergio Andrade hizo ese famoso concurso en el que buscaba la doble de Lucerito y me enteré por la tele, hice el berrinche del año para que mis padres me llevaran. La respuesta fue algo por el estilo: “A ver, niña a) no te pareces en NADA a Lucerito, b) mejor ve a la escuela o aprende a tocar algún instrumento si eso quieres y c) ¿para qué quieres salir en la tele?

El atinado escepticismo de mis padres seguro me ahorró, en el mejor de los casos, pasar horas en una fila para ser rechazada al llegar. En el mejor, me salvaron la infancia; se cuenta que en ese concurso Gloria Trevi conoció a este hombre (Gloria sí se parecía a Lucerito).

Claro, nada de esto lo sabría hasta décadas después y no sirvió para aliviar mi ira cuando a mi prima sí la llevaron al concurso para ver quién se parecía más a Heidi, la niña de los Alpes. En fin. La meta en esa otra vida, en ese otro México, era salir en la tele para ser.

Hoy en día es bastante más sencillo que eso.  Superando a medias el boom de los reality shows y nublada la línea entre conductoras/sexólogas/actrices/periodistas, nos queda dos tipos de mujeres que dominan la pantalla de la tv abierta en materia de entretenimiento. Algunas que verdaderamente sí buscan su identidad en ella. Y sufren terriblemente, porque una identidad (y capacidad de mantenerse) que va y viene con los estudios de mercado es trágicamente inestable en el mejor de los casos.

Y están las que saben que la televisión abierta es un medio para otro fin. Que su imagen es un producto y la pantalla un gran aparador. Y los clientes son de todo tipo. El verdadero dinero que puede ganar una conductora o una cantante no viene usualmente de su contrato televisivo, sino de todas las chambas y eventos especiales que saldrán de él. Claro, algo similar pasa con los hombres, pero ¿Qué pasa cuando esa exposición ya tiene alcances que van más allá del mismo dinero? ¿Qué pasa cuando los alcances son políticos? ¿Qué ocurre cuando los votos se ganan en TVNotas? ¿Qué se supone que debemos asumir que la presencia constante de Anahí frente a tantos medios de comunicación que fueron invitados a Chiapas la semana pasada para ver el  primer informe del gobernador Manuel Velasco fue casual? Evidentemente ahí había un mensaje. Que estaban juntos todavía, antes que nada. Pero proyectándonos a un futuro cercano hay más. Mucho más.

 ¿Quién se hubiera imaginado todo esto cuando la veíamos en Chiquilladas

susana.moscatel@milenio.com