Estado fallido

¿Pero qué necesidad?

Uno diría que en esta sociedad el impuesto a la fama lo cobran solo las revistas y los programas que se enriquecen inevitablemente con los tropezones de los más conocidos. Pero no. Es un círculo vicioso y verdaderamente preocupante, pero es parte del ciclo de la vida mediática. Es una vorágine que parecería no tener más beneficiados que los dueños de esos medios hasta que uno se da una vuelta en la madrugada de un martes por los expendios de  revistas. Wow. Cuanta gente vive de ello. Qué susto pensar que la infidelidad o la desgracia de algún incauto famoso es el pan en la mesa de una familia. Qué sistema tan podrido. Pero es la naturaleza humana y nadie pretende negarla. Cada quien decide en qué lugar de esta cadena alimenticia se quiere situar. Pero eso no se queda ahí.

Lo que sí me sacude y me pone de muy mal humor tiene que ver con el hecho de que algunas autoridades de nuestro país decidan que esa fama es cancha reglamentaria para promover lo que sea que quiera promover. Sobre todo con el ejemplo negativo. No es novedad, pero ¿de verdad es necesario que la policía dé a conocer si Rebeca Jones o Gloria Calzada cayeron en el alcoholímetro? ¿Cuál es su mensaje? ¿Que nadie está más allá de la ley? ¡Pues les tengo noticias! Las actrices y los conductores (salvo contadas excepciones) no lo han estado nunca! Son personas que trabajan, que luchan y que a veces meten la pata. No digo que no se aplique el castigo, ¿pero les parece ético que se regodeen las autoridades de esa manera por ello? ¿Y que cuenten con el morbo que estarán generando para que a través de los chismes se comparta su mensaje?

Hay personas a las que valdría mucho, mucho más la pena exponer. Pero, claro, un político corrupto, un empresario chueco desconocido, nunca serán portada de las revistas como lo son ellas, o los deportistas que han sido expuestos así. ¿Les gustaría a esos funcionarios que alguien se dedicara a tocar la puerta de todos los vecinos de su cuadra para informarles sobre sus imprudencias? ¿Por qué no lo intentamos un día?

El alcoholímetro ha salvado innumerables vidas, no tengo la menor duda. Pero con estas tácticas parece que han aprendido del formato de otras instancias que buscan famosos y conocidos para poner de ejemplo. (Si no me creen pregúntenle a Paquita la del Barrio, por ejemplo) ¿Creo que ya saben a cuales me refiero, o no? ¿Entonces? ¿El impuesto por ser famoso es la humillación pública vía las autoridades ante un error? (que, insisto, debe tener sus justas consecuencias). Me parece que la respuesta es sí.

Se están equivocando

Para los que vivimos absortos en los portales de los trades en Hollywood que hablan de la industria ya estamos completamente hartos de tener que esperar al menos 20 segundos (una eternidad en internet) a que se despliegue un artículo sobre una película en lo que nos promueven otra. Eso es un anuncio para los miembros de la Academia, no para los mortales insignificantes como uno, pero estoy segura de que ellos, con tantas películas que todavía tienen que ver, tampoco estarán tan contentos de estar perdiendo su tiempo así. Sí hay publicidad contraproducente.

Me pregunto

¿Si Shirley Temple hubiera vivido en nuestros días, la ubicaríamos de la misma manera que a un Justin Bieber o incluso una Britney Spears? ¿Con tanta presión hubiera siquiera aguantado hasta los 85 años?

 susana.moscatel@milenio.com