Estado fallido

La mutación del Negrito

“Los nombres cortos tienen más onda”, fue el slogan con el que hace algunos meses se promovió en nuevo nombre del rico pastelito, no el otro rico pastelito, que por generaciones conocimos y gozamos como el Negrito Bimbo. Está bien, la compañía piensa que el tamaño no importa y están buscando el bien al autorregular algo que para algunos podría ser ofensivo. Pero. ¿Realmente lo era? ¿Alguien alguna vez pensó en ofender a alguien de la raza afroamericana, afrocubana o... Como decidan que sea correcto esta semana al comerse un Negrito? Entiendo el cambio de nombre para ahorrarse los albures, siendo tan formal la compañía con esas materias. Pero lo percudido está en la mente del que interpreta al final del día. Y bueno, al final del día y al borde del mundial tenemos a Nito.

Ya lleva un rato dando sus rounds por ahí esta mutación de nombre, pero con la promoción que se ve por todos lados y las máquinas dispensadoras portando orgullosas el nuevo nombre nos tenemos que preguntar en estos tiempos donde a la primera falla nos cae encima la policía de las palabras: ¿qué sigue?

¿Vamos a prohibir que los acoplados de Cri Cri le digan al joven Sandía decir picardías? ¿La señorita Cucurumbé tiene aún razón para bañarse en el mar? ¿No era peor pensar que alguien era tan inocente que pensaba que las blancas olas la carita podrían blanquear?

Una cosa es el racismo y otra cosa el revisionismo. Escuchando, por ejemplo, a las villanas de antaño de Disney gocé tanto ver a la malévola Madame Min decir cosas como “Ojalá y se muera” en La espada y la piedra. O a los elefantes de Dumbo (que estaba súper ebrio en ese momento) cantar “Serán, quizás parientes de Satanás”. ¿Satanás en Disney? A borrar esos cuadritos de celuloide en este preciso momento, ¡por favor!

¡Ah! Y los ahora nativos americanos de Peter Pan, la original de James Matthew Barry, pero sobre todo la versión de Disney donde los niños perdidos (eran los conflictivos, pero buenos de la historia) ¿cantando sobre el gusto de matar y vender indios? Claro, era el país del Nunca Jamás, así que quién sabe qué haría la policía de lo políticamente correcto ahí.

Ya que estamos entrados en la materia, no deberíamos considerar que El Chavo del Ocho es un niño en situación de calle (bueno, barril)  y tal vez sería hora de meter a la cárcel a Don Gato por bully contra el pobre e indefenso Matute y sin la menor duda Toby debería tomar un curso en el Instituto Nacional de la Mujer, ofrecer una disculpa pública e incluir al menos a un 50 por ciento de féminas en su famoso club.

¿Debemos continuar? Está bien, es cierto que se armó un mega zafarrancho cuando el mundo descubrió que Memín Pinguín había sido una emblemática figura de la cultura popular en nuestro país. Y con razón, todos los estereotipos negativos del mundo se reflejaban de manera aparentemente inocente ahí. Y, sin duda, con la presencia internacional de la marca que comercializa a los Negritos, em... a los Nitos todo era un potencial escándalo en ciernes con el Mundial de frente. Así que ni que hacerle, este nombre definitivamente no tiene más onda. Pero si menos potencial de que dispare un drama nuclear contra el famoso Osito que representa a la compañía. 

susana.moscatel@milenio.com