Estado fallido

¿La muerte de la entrevista?

El presidente de CNN, Jeff Zucker, acaba de anunciar que, según él, el formato de entrevista televisiva (extendida) está muerta. No pensaban así cuando Larry King, una leyenda en el género, salió del canal en el que había sido un ícono por años y años (con sus tirantes y preguntas incisivas) y por ello importaron de la Gran Bretaña a Pierce Morgan, pero, según su experiencia, esto no funcionó tampoco.

El ejecutivo no es alguien sin peso en el mundo de la televisión. En su larga carrera en la NBC, antes de irse a CNN, Zucker logró negociar la famosa décima temporada de la serie Friends, aceptando pagar un millón de dólares a cada uno de los seis actores. También inventó formatos de reality shows de la mano de Donald Trump con El aprendiz. Eso es resumir mucho una trayectoria y una reputación que, sin duda, ha ayudado a marcar la televisión mundial para bien o para mal y convertirla en lo que sea que es ahora.

Por eso, cuando dice que ya no habrá programas de este tipo en sus canales, yo me detengo asustada a escuchar. Lo hago con horror, porque para muchos aún no hay nada mejor que un buen entrevistador que sepa sacar cosas inesperadas y fascinantes de sus invitados. No hay nada más delicioso que ver ese desarrollo de preguntas y respuestas en un tiempo determinado con un final sorprendente. Pero no, cada vez más parece que los que toman las decisiones creen menos en la capacidad de atención de la gente en prestar su tiempo y concentración para llevarse algo un poco más que la declaración de 20 segundos. El soundbite, lo llamamos. Yo no quiero un mundo de puro soundbite, es como decidir que de hoy en adelante solo leeré tuits en lugar de novelas. Hay un lugar para todo.

Por eso mismo cuando escucho a Zucker, con esa mentalidad tan de televisión abierta gringa, decir que ya acabó la era de los programas de entrevista como tal, tengo la esperanza de que no sea una nueva tendencia. Es cierto, en este medio el rating es el rey. Pero prefiero vivir en un mundo más pequeño, que esté lleno de cosas enriquecidas e interesantes, que en un lugar donde lo más sencillo de consumir sea la norma hasta en los espacios de nicho.

VISITAS ILUSTRES

Yo admiro a Salma Hayek y a Thalía. Ya sé lo que dirán los trolls y todos aquellos que gustan de atacar cualquier éxito ajeno que surja de nuestras tierras, pero me parece que estas son dos mujeres que han hecho exactamente lo que planearon hacer de sus vidas y carreras desde un principio.

Lo que sí me da mucha risa es ver las reacciones cada vez que visitan nuestro país. Pareciera todo un evento oficial; bueno, de hecho en el caso de Salma esta vez fue incluso asunto de Estado que involucró a varios presidentes. No puedo dejar de pensar, con algo de tristeza, si actuaríamos así, si se hubieran quedado en nuestro país (y casado con un mexicano cualquiera que no fuera... eh, el presidente de la República, por ejemplo). ¿Qué es lo que admiramos de ellas? Yo su independencia y capacidad de cumplir sus objetivos. ¿Pero será esa la razón de tanto bombo, platillo y evento especial? Lo dudo.

susana.moscatel@milenio.com