Estado fallido

El mejor discurso

Muchos, cíclicamente, aseguran que el rock ha muerto. Muchas veces tienen razón. Alguna vez murieron en un avionazo Buddy Holly y Ritchie Valenz. Otros tiempos fueron marcados por el dominio de la mercadotecnia sobre la expresión del género. Y en muchas ocasiones, como ahora, las fusiones de géneros, son tan frecuentes que ya es casi imposible distinguir uno del otro. Pareciera que hubo una perversa fiesta en la que todos los estilos musicales decidieron darse amor y ver qué retoños resultaban de ello. Hay muchos progenitores, influencias y las mezclas pueden ser hermosas o confusas. ¿Quién hace rock todavía? Muchos puristas apostarían solo por los clásicos. Los Arctic Monkeys, ganadores del premio principal de la noche en los Brit Awards, no están tan de acuerdo.

Tomemos en cuenta que en esta categoría le ganaron a David Bowie, a quien evidentemente no le preocupó mucho el tema por su (nada sorpresiva) ausencia. Pero los Monkeys, con su quinto y extraordinario álbum, y quienes sí jugaron con diversos sonidos y géneros, dijeron contundentemente al recibir su estatuilla cosas como “el rock puede invernar, pero siempre regresa del fango, siempre está ahí, a la vuelta de la esquina para acabar con la mengambrea. ¡El rock and roll nunca va a morir!”.

¡Enorme! Y todos alrededor estuvieron de acuerdo. Fue emocionante e inesperado, sobre todo porque iban (fuera de Bowie, quien es un género en sí) contra la electrónica, el power pop y mil fusiones más. Así se vive la vida en la industria musical, pero no siempre hay claridad. ¿Ya escucharon AM de los Arctic Monkeys? Con el disco no les quedará la menor duda de qué están hablando. 

Una vez dicho eso, hay que destacar otros grandes momentos de la fiesta musical británica más relevante del año. Las grandes estrellas siguen dominando sobre cualquier escenario pase lo que pase y los nuevos grandes talentos lo saben. ¿Vieron la cara de impresión de Ellie Goulding al recibir su Brit Award de manos de Prince? Casi se muere de la impresión. Nosotros del gusto, gran momento, igual que cuando el conductor, James Corben, interrumpió para tomarse una foto con el intérprete de “Purple Rain”. 

One Direction no parecía saber cómo reaccionar cuando Corben trató de hacer un chiste a costillas de Justin Bieber —sabían perfectamente cuáles serían todos los titulares del día siguiente ganara quien ganara. La libraron bien—. Y habrá venganza porque todo indica que Harry Styles será el próximo conductor de esta entrega.

Aunque Bowie no llegó, como se esperaba, mandó su mensaje amoroso (moderado) y sobre todo político (no tan moderado) a través de su emisario, la súper modelo Kate Moss: “Escocia, quédate con nosotros”. Fue suficiente.

Fuera de eso, la entrega pareció como el gran escaparate para que Pharrell Williams vendiera su famoso sombrero de Vivianne Westwood y Katy Perry promoviera su gira. ¿Pero qué fue lo más impactante de todo? La muy talentosa y profundamente extraña cantante de “Royals”, Lorde... Sonrió. Eso es más extraño que ver a Cristian Castro comportándose como una persona normal.  

susana.moscatel@milenio.com