Estado fallido

Nuestras dos industrias de cine

No hay forma de conciliar lo que los premios Luminus (antes Canacine) celebró la noche del miércoles, con lo que los premios Ariel han nominado para la ceremonia que se celebrará el próximo sábado 28. Simplemente pareciera que estamos hablando de dos industrias y ahí, como decía el maestro, está el detalle.

En teoría los premios Ariel son los más grandes galardones a la cinematografía nacional. Por eso cintas como 600 millas, de Gabriel Ripstein; La delgada línea amarilla, producida por Bertha Navarro y Alejandro Springall y dirigida por Celso García, Las elegidas, de David Pablos, están presentes, junto con Gloria, en las más nominadas.

¿Quién ganó los Luminus? Mis queridísimos y admirados Gabriel Riva Palacio e Ignacio Martínez Cázares, con cinco preseas por Un gallo con muchos huevos. Hagamos una pausa aquí. Yo amo la película de huevos, pero me cuesta trabajo pensar que esta sea la más importante muestra de arte fílmico en nuestro país. Lo que sí creo, y los Luminus no pretenden esconderlo, es que es la que más gente quiso ver. Y eso se premió.

Eduardo Verástegui se llevó la mayor presea si contamos como Película y Director del Año el logro más grande que se puede lograr en esta ceremonia. Y francamente Eduardo sorprendió con esta, también muy taquillera y tierna, entrega. Pero nuevamente ¿Mejor Película del Año?

¿Por qué tenemos una disparidad de ese tamaño con las entregas de premios? Porque no hemos logrado integrar una industria que haga historias contundentes e intensas con un público que quiera verlas. Porque a la gente no le importa quién gane el Ariel, porque no ha visto la mayoría de las películas. Y la gente no ha visto la mayoría de las películas, porque no duran nada en pantalla si no corren a verla el primer fin de semana. Es una falla sistémica que hace que nos perdamos de lo mejor y tengamos más acceso a lo patrocinado y con recursos.

Claro, la solución no está en lo que siempre piden a gritos en el Ariel. ¡Papá gobierno, sálvanos de estos capitalistas! No va por ahí, aunque cada recurso que se otorgue al séptimo arte es más que agradecido. El problema sigue siendo que para algunos es un negocio y para otros es una forma de arte que se podría corromper con dinero de la industria privada. O simplemente no consiguen esos recursos, porque no saben cómo. O solo se patrocinan entre amigos. O no quieren pagar tantas películas depresivas (no es tanto el caso este año) de guerra, narco y hambre que tanto ha caracterizado nuestro cine.

Tenemos dos industrias. Ahí les va un buen ejemplo que lució en ambas nominaciones de las ceremonias: Gloria. ¿Por qué no se sientan a platicar?

¿En serio?

¿Ahora, en un nuevo cómic, el Capitán América es un agente terrorista con tendencias nazis? ¿Todavía querrán los que han pujado por el asunto que tenga un novio gay? 

susana.moscatel@milenio.com