Estado fallido

'Los locos Suárez'

La comedia es un monstruo que evoluciona y que a veces tiene que doler para ser buena. Esta es una de las lecciones que aprendí de los Suárez, de los dos Héctor Suárez al platicar con ellos sobre su espectáculo Los locos Suárez.

Aunque muchos creen que lo pueden hacer, no es cualquier cosa levantarse en las tablas donde no existe esa cuarta pared y, sin un personaje que los respalde. Es uno, el escenario una luz y el público. Es el stand up que tantos piensan que se acaba de inventar. Es donde los verdaderos y grandes comediantes en otros países se han hecho. En el nuestro es al revés. Uno de los más grandes comediantes de nuestra historia va a hacerlo por primera vez. Y no puedo esperar.

Héctor Suarez dirigió a su hijo, Héctor Suárez Gomís, hace siete años con El Pelón en los tiempos del cólera y fue un fenómeno. Ahora, padre e hijo retoman esta historia juntos, donde el Pelón empieza a narrar las peripecias que implicaron crecer como hijo del actor y de la maestra de todos, Pepita Gomís, nuevamente, pero con una distinción. De pronto se le aparece su padre y sigue con su versión de los hechos.

Quien conozca de cerca de don Héctor sabe, sin el menor dejo de duda, que es un hombre apasionado. Para todo en la vida. Eso no ha hecho sencillo su camino en un contexto del entretenimiento conformista y alineado. Pero ahí está, siguiendo con rigor y disciplina ahora la dirección de su "escuincle ese" a quien ama apasionadamente y se le ve desde lejos.

Los locos Suárez es la mejor idea que he escuchado en mucho tiempo. Empieza de gira y luego llegará a la Ciudad de México. Se supone que aquí estará unas cinco semanas. Ajá. Más o menos ese era el plan de El pelón en los tiempos de cólera de Gomís. Hace siete años. Y nunca se detuvo. Esto, esto da para eso y más. Bravo, señores Suárez.

Ganó el documental

Para quien dude de la fuerza de un buen documental solo hay que ver lo que está ocurriendo en San Diego, donde Sea World se ha dado cuenta de que la única forma de sobrevivir después de Blackfish, que narraba los dolores de las orcas en los shows, es desaparecer el formato para siempre y convertirse en una especie de espacio para "la conservación".

Ojalá lo hagan bien. Ojalá el cautiverio pudiese acabar sin que nos perdiéramos de la oportunidad de ver de cerca de esas magníficas criaturas. Pero tenemos la penosa distinción de ser el país que le regaló la tragedia de Keiko al mundo, y como ya vimos que solo con dinero (o la pérdida del mismo) deja de bailar la orca, no sé si vaya a ser una lección generalizada. Además, lo último que quisiéramos sería darle otra causa así para que cierto partido político se cuelgue con alevosía y ventaja de ella, ¿o no?

¡Que alguien me explique!

¿Cómo se sentiría Chéjov de saber que al montar uno de sus clásicos estos días en México la producción tendría que explicar una y otra vez que no se trata de la primera dama de nuestra nación?


@SusanaMoscatel