Estado fallido

La lista verde

En estos tiempos de frustración electoral ha sido muy fácil para muchos apuntar el dedo sin verificar quiénes habían vendido sus tuits en plena veda electoral. Lo digo no porque tenga la menor duda sobre las intenciones de quienes sí tuitearon, sino porque sé, de hecho, que muchas de las personas en las listas que se publicaron, en diversos portales y medios, contenían nombres de personas a las que sí buscaron, pero que no aceptaron. Sin embargo, salieron embarradas en el proceso con todos los que sí le entraron al juego.

Las elecciones anteriores fueron el primer laboratorio de experimentación respecto a las redes sociales de las personas que están en los medios. Lo sé porque a mí me lo ofrecieron la vez pasada. Un ex compañero de la universidad, en un tono muy, pero muy coloquial y absolutamente quitado de la pena, me preguntó que cuánto cobraba por tuit, porque estaba haciendo el presupuesto para un partido político.

Cuando le dije que estaba loco. Que era ofensivo que me lo ofreciera verdaderamente no lo entendía. Yo le dije: “No”, con base en que soy periodista. No había una veda electoral en ese momento. Pero quedó claro que el proceso apenas iba empezando.

El punto es que esta vez también muchas personas dijeron que no. Absolutamente no. Pero fueron vapuleadas igual que los que aceptaron en sus redes sociales, porque muchos no sintieron la necesidad de verificar estas listas. Es demasiado fácil pensar que todos los que están en los medios son moralmente corruptos. No es el caso, ni siquiera para todos los que aceptaron.

¿Venga la piratería?

Ahora, ¿qué pueden responder los famosos, especialmente los cantantes, que sí tuitearon a las quejas de los seguidores? Sobre todo a los que dicen cosas como: “Si a ti no te importa la ley, yo voy a bajar toda tu discografía pirata”. Claro que el caos legal no se combate con lo mismo. ¿Pero qué defensa tienen? ¿Ignorar la queja? ¿Responder que no rompieron la ley?

Muchos de ellos se defendieron. Pusieron tuits para atenuar las respuestas de tantas personas molestas. Otros callaron sabiendo que esto, como todo, pasaría. Pero el hecho es que más allá de cualquier sanción, esta vez el daño fue peor que lo que puedan reparar con lo que se les pagó. Mal negocio. Su valor comercial está en que la gente siga su trabajo. No en monetizar sin pensar en las implicaciones. O las consecuencias.

¿En serio?

¿Ya empezó la era de Carmen Salinas, diputada?

susana.moscatel@milenio.com

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