Estado fallido

Como jarritos de Tlaquepaque

¿Han notado que últimamente estamos en crisis emocional por todo? Ya no hablemos, de los temas políticos y sociales porque evidentemente, ahí es donde nace tanto descontento, pero ¿en el espectáculo? Es evidente que en los últimos tiempos es imposible dividir la polaca del entretenimiento. ¿Alguna vez nos imaginamos al ganador del Oscar por Mejor Película decir desde el podio de los vencedores: “Ojalá tuviéramos el gobierno que merecemos”?  Yo no. Y claro que eso ha despertado comentarios, sobre todos positivos, de la ciudadanía. Pero vaya que alrededor de eso ha ardido Troya.

No creo que Sean Penn esté muy preocupado por aquellos que siguen enfurecidos por su chiste: “¿Quién le dio a este hijo de perra su green card?” Pero los intensos siguen buscando que pague las consecuencias. ¿Las consecuencias de qué? No tengo idea. ¿De llevarse bien con Iñárritu? Tal vez. Por cierto, eso me lleva al siguiente tema que tiene a varios rasgándose las vestiduras. “¿Cómo es posible que Alejandro se quite el González en los créditos de sus películas? ¿Le dará vergüenza ser mexicano?”. Por favor. Es un sencillo asunto de branding. De recordación. Hay menos Iñárritus en Estados Unidos y en el mundo. Y por otro lado, ¿han intentado que un gringo entienda el concepto de que en México usamos los dos apellidos? Es prácticamente imposible. Solo pueden con uno. (Espero que no se me ofendan ahora los estadunidenses).

Saliendo del Oscar y volando hasta Gran Bretaña, hay que hablar del tema de Madonna. Es parte de la naturaleza humana reírse cuando alguien se cae. Es un impulso natural y sí, quizás un tanto estúpido, pero sucede. Nosotros, que estábamos viendo el show en vivo para luego trasmitirlo por Tv Azteca, pegamos un grito de la impresión cuando vimos el jalón que le dieron a la capa de la cantante y la forma en la que cayó al piso. Pero para la hora de la transmisión sabíamos que todo estaba bien. Que si pasó a mayores se reflejaría en la forma de algunas cabezas cortadas en su staff (seguramente el vestuarista que le apretó demasiado el nudo que no pudo deshacer a tiempo). Habíamos aplaudido por como se levantó y siguió con el show a pesar del megatrancazo. Y sabíamos que ya podíamos tomar el tema con un poco de ligereza y humor. Así que anunciamos que más adelante la veríamos caer. Y a una servidora, recordando cómo remataba todos sus chistes el gran historietista Pepo con Condorito, se le ocurrió decir que era la verdadera Reina del Plop

Sigo riendo y sigo sin creer las respuestas que no dejan de llegar a través de diversos medios, principalmente redes sociales de los fans de El Hobbit. Básicamente se componen de mentadas de madre, insultos y una que otra amenaza de muerte. Lo interesante es ver cómo este grupo de seguidores se ha organizado para asegurarse de que sigan llegando y llegando los mensajes. No puedo dejar de preguntarme ¿en qué estado emocional estarán estos chavos para reaccionar de modo tan violento a algo así? ¿Será el momento que estamos viviendo traducido de esta manera? ¿O será el personaje que genera semejantes respuestas? No lo sé.  Me dicen que los fans de Belinda se ponen peor. Tuve movimientos telúricos desde la Tierra Media cuando dije en el Oscar que El Hobbit era aburrido, pero nada así.  Sé de primera mano cómo se ponen las seguidoras de Justin Bieber, pero sea como sea, estamos demasiado listos para pegar de gritos antes de entender el motivo o el chiste. No creo que eso sea lo que quiera la Reina del Plop, digo del pop, de nosotros. ¿O sí?

¿En serio?

¿Lupita Nyong’o dejó un vestido de 150 mil dólares en el clóset de su hotel y se sorprendió de que se lo robaran?

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