Estado fallido

La inesperada virtud de la ignorancia

Admito que ya le tenía buena voluntad a la película Birdman de Alejandro González Iñárritu solo por un motivo. Y no, no es el clásico motivo patriotero que nos llevó a celebrar Gravity el año pasado como si hubiera sido una selección nacional sin esbozos de penal. La razón principal por la cual me emocionó hasta las lágrimas fue que la simple idea de este proyecto es muy sencilla: Michael Keaton.

Todos los que nos dedicamos a escribir, hacer entrevistas o reseñar al mundo del cine tenemos algo en nuestra infancia que nos hizo enamorarnos de este asunto mucho antes que el cinismo y la realidad nos hicieran duros. Antes que la estupidez nos hiciera creer que con un plumazo tenemos cualquier tipo de poder (idea más ridícula que marearse sobre ladrillo, pero común, sin duda). Para mí, ese algo fue un alguien. Y ese alguien fue Michael Keaton.

Y no. No estoy hablando solo del actor que magistralmente interpretó a Batman con Tim Burton a la cabeza. Para mí, Batman es lo de menos. Hablo de Bill Blazejowski de Night Shift. De Jack Butler de Mr. Mom. De (el amor de mi infancia) Johnny Peligrosamente (Aquí le pusieron “Peligroso”), pero la última vez que lo discutimos él me dio la razón que mi título era el correcto en español). Sí, mucho Beetlejuice, Beetlejuice, Bee … (que se aparezca, por favor). Pero la verdad es que las mejores actuaciones de este hombre, hasta el momento, son las que pocos vimos en México.

Así que imaginen la emoción cuando supe que él sería el protagonista de una película de fondo. De introspección. De autoanálisis. De pasión. De dolor. De existencia. De confusión. De búsqueda. De esas que, al menos yo, sé que nunca olvidaré. Una cinta de la que platicamos con el actor desde principios de este año y él me dijo que fue lo más difícil que había tenido que hacer en su vida. Lo dijo con orgullo. En ese entonces promovía Robocop. Le dije, terminando la entrevista, que se preparara para el Oscar. Solo se río. Creí que estaba siendo modesto.  Ahora lo sé.

 Y bien, uniendo todo esto al estilo de Alejandro González Iñárritu (con el guión de Nicolás Giacobone , Alexander Dinelaris, Jr.  y Armando Bo) creo que el resultado es una innovación espectacular para todos. Y sí, sé que varios se irán con la finta de que Michael Keaton está exponiendo lo que fue su vida después de Batman. Pero somos muchos los que sabemos con claridad que Batman nunca lo definió (se lo dice a Entertainment Weekly en la edición de esta semana). Nunca ante sus propios ojos. Quizás sí ante cierta generación. Pero eso no es Birdman.

 La inesperada virtud de la ignorancia es el otro título de Birdman. Y no me ha dejado de girar por la cabeza. En términos simples, los que ignoraban el tamaño de actor que es Keaton tendrán la feliz virtud de descubrirlo realmente por primera vez. Y los que pensábamos que González Iñárritu siempre querría hacer películas de tres historias que se encuentran en un muy depresivo camino, nos daremos cuenta de que los conceptos que maneja el cineasta mexicano van más allá de lo que muchos nos atrevemos a cuestionarnos. ¿Quiénes somos realmente? ¿Y qué importa nuestra trascendencia? ¿Quién nos metió en la cabeza que eso es lo importante?

 Apenas empezamos. De Birdman habrá más. Mucho, mucho más.

¿En serio?

¿Mi corrector de ortografía insiste que Birdman es Barman? Bueno… Salud.

Por Cierto

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susana.moscatel@milenio.com