Estado fallido

¿A quién le importa el Ariel?

Debería importarnos a todos los que amamos el cine. Debería importarle a toda la gente que va al cine. Y no hablo de la industria, hablo de la ceremonia y todas las trabas que tiene para volverse un show atractivo para los mexicanos. Es como La Hora Nacional, tantos de nosotros hemos pasado por su producción, siempre con las mejores intenciones de por fin hacer un buen programa de radio que realmente le guste a la gente.  Pero a la hora de la burocracia, y los ridículamente lentos y destanteados sistemas gubernamentales, algo se pierde en el proceso que simplemente confirma lo que los negativos ya querían pensar. Y ya ni hablemos de todos los intereses que hay de por medio. Así es imposible hacer algo atractivo. Puede haber gran contenido, pero sabe a sala de espera en oficina de gobierno, sin presupuesto para decoración ni aseo.

Así que regresemos al Ariel. Este año una de sus dos conductores es Regina Orozco, una de las mujeres más divertidas y profundamente talentosas del medio del entretenimiento y la cultura en nuestro país. ¿Pero saben cuántas personas están en sus casas diciendo ahora “este martes prenderé la tele a ver qué se le ocurre a Regina para hablar y promover el cine nacional”? Muy pocas, estoy segura. ¿Y saben por qué? Porque prácticamente nadie está ni remotamente enterado de que eligieron a una estupenda anfitriona para lo que debe ser la noche más importante del cine. Se ha hablado del tema en algunos espacios, sí. Los expertos en la materia están más o menos enterados. ¿Pero un esfuerzo importante para que el público en general se entere que, más allá de las películas, el Ariel puede ser un buen show? ¿Quién dijo yo? No los escucho.

Luego, y este parecería un logro para celebrarse, por fin se transmitirá la ceremonia por televisión abierta en el Canal Once. ¿Pero qué creen? Será dos horas diferida. ¿Por qué? Porque no pudieron, o no quisieron, mover su sagrada parrilla de programación. Tienen razón, seguro México se caería en pedazos si lo hacen. Qué manera de dar el claro mensaje de lo poco que les importa la ceremonia. Está bien, no es el Mundial o el clásico de futbol. La gente puede evadir Twitter y los medios de comunicación que estaremos informando en tiempo real de lo que ocurre, encerrarse en un búnker y sorprenderse con la frontal competencia entre Heli y La jaula de oro. Pero sospecho que aquellos a los que realmente les importa ya lo van a saber para entonces.

Este ha sido un gran año en el cine mexicano en muchos sentidos y todos esperamos, o al menos quisiéramos, que eso se refleje en la ceremonia. Sin la menor duda las dos más nominadas son extraordinarias obras de arte y de narrativa. Es un privilegio que casi todas las películas ya se hayan estrenado no solo en festivales sino en el circuito comercial en México. Es un éxito de los estímulos fiscales que han permitido que cada vez más se haga todo tipo de cine en nuestra nación. Y es un gran esfuerzo de la nueva administración de la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas, quienes se han visto en situaciones y confrontaciones que muchos de nosotros nunca imaginaríamos siquiera a la hora de sacar adelante esta producción cuya finalidad es que cada vez sea más atractivo para todos nosotros el cine mexicano. Hay grillas y enemigos donde uno menos imaginaría en esta industria.

Pero también hay mucho que celebrar. Y tal vez nos toca a nosotros poner de nuestra parte para que se le quite ese estigma de aburrido e institucional al Ariel. Eso, claro, depende de lo que veamos hoy en la noche en el Palacio de Bellas Artes. Espero que no ganen la burocracia, los intereses y los egos. Espero que gane el buen cine y el buen entretenimiento. Pero volviendo a preguntar, ¿a quién le importa el Ariel? Yo sí tengo que responder que a mí sí. Y mucho. ¿A ustedes?

¿En serio?

¿Ya salió un psicópata religioso que culpó al cantante barbudo, ganador de Eurovisión, Conchita Wurst, por las terribles lluvias en los Balcanes? 

susana.moscatel@milenio.com