Estado fallido

Entre la historia y las emociones: Diego Luna

Sabía que me estaba perdiendo de algo especial por no haber podido ver antes Cada vez nos despedimos mejor, obra escrita por Alejandro Ricaño y llevada al escenario por Diego Luna. ¿Y saben qué? Tenía razón.

No dejo de maravillarme por el amor que Diego le tiene al escenario, donde obviamente nació, y se formó, pero después del éxito que ha tenido en terrenos más llamativos, y sin duda redituables, sería demasiado fácil para cualquiera simplemente caminar hacía la luz de la fama y olvidar la razón por la que uno se enamoró de esto, para empezar. En el caso de Diego, sospecho que desde la cuna.

Tal vez ya debería dejar de asombrarme el hecho, porque es mucho más importante hablar del trabajo y de lo que una puesta en escena como ésta nos puede regalar. Cuando empieza la obra no podría importarme menos la fama del actor, me importa el personaje. Personalmente el recorrido de Mateo, interpretado por Diego en este monólogo, tocó fibras que ni yo misma recordaba que me habían marcado a través de los años.

El texto de Ricaño logra hacer que a través de varios acontecimientos que definieron a México desde los años 80 podamos adentrarnos en lo más particular de las emociones, pasiones, errores y explosiones del protagonista, su amor y algunos de los seres que lo circundaban. No podía dejar de recordar exactamente dónde había estado yo emocionalmente cuando fue el terremoto de 1985, cuando se dieron los sucesos trágicos en Acteal y así un recorrido que más que histórico se lee como de grandes puntos de referencia en la historia de un amor enorme y fallido.

De las cosas más deliciosas de esta puesta en escena es cómo con su contundente y precisa actuación, Diego narra este texto, adelantando algunos de los hechos más impactantes, preparándonos para ellos y luego sorprendiéndonos de nuevo cuando nos toca, al fin, vivirlos con él.

Evidentemente el teatro estaba lleno a más no poder y era un público de esos que dan gusto. Un público variado, de todo tipo. Muchos fans de Diego, sí. Mucha gente de teatro, también, pero desde chavos muy jóvenes para quienes la década de los 80 solo es un capítulo aún no muy claro de la historia de nuestro país, hasta parejas de gente mayor, recordando, identificándose, enojándose con Mateo, porque sabíamos, gracias a sus propias advertencias, que eventualmente iba a arruinar todo lo bueno que podía tener en la vida.

El texto podría haber corrido el riesgo de ser muy politizado por los temas destacados entre las historias personales, pero esto nunca ocurre. No ocurre, porque estamos viendo la historia a través de dos ópticas, los ojos de Mateo y las lentes de las cámaras que van captando fragmentos de la historia. Una perfecta combinación entre la irrefutable objetividad de una imagen y la historia detrás de la misma. Delicioso.

Bajo circunstancias normales hubiera sido muy tarde para escribir esta reseña, porque desde el principio la obra estaba pautada como una corta temporada. Ahora la buena noticia es que en la Ciudad de México se ha extendido unas cuantas semanas más (Sala Chopin) y habrán más funciones de gira en la República Mexicana.

¿Son de los que le temen a los monólogos? Creo que este texto, la precisa música que lo acompaña en vivo y la actuación de Diego Luna pueden cambiar eso para siempre.

susana.moscatel@milenio.com