Estado fallido

Tenemos que hablar de Kate

Esta es una columna difícil, porque gran parte del país está listo para una erupción emocional que, me temo, no podremos controlar. Y como los protagonistas son personajes del espectáculo y del crimen organizado, las opiniones fluyen con libertad, ira y absoluta pasión.

Creo que casi cualquier periodista a quien se le pregunte esto, diría que por supuesto que haría una entrevista con un personaje de tan alto impacto para el país y el mundo. Que el impacto sea negativo (como en este caso) o positivo no cambia la labor periodística. Las preguntas se hacen. Las difíciles, ante todo. Las respuestas se buscan, ésa es la labor. La de las autoridades es otra por completo.

Llevo todo el día consultándolo con mis maestros y grandes ejemplos de esta profesión y, básicamente, coinciden. Si puedes hacer la entrevista, hazla. No seas clemente con las preguntas (cosa imposible cuando te mandan una entrevista editada como acabó ocurriendo con Sean Penn). Y Penn, por cierto, explicó a gran detalle cómo es que no sabían dónde estaban exactamente. Aunque sí se veía sorprendido por la confianza que parecían estarle concediendo por su (nueva) asociación con Kate.

Creo que mucha gente se imaginaba la posibilidad de un operativo tipo Hollywood (¿por qué no, si tiene los mismos protagonistas?) donde la DEA y la PGR se colgarían de las comunicaciones que Kate había tenido con El Chapo y a la mera hora les caerían con el nuevo avión presidencial. Muchos exigen más o menos eso de Kate. Y la situación se ha salido de control. Ella lo hizo, como explica Penn, a modo de productora de cine. Penn (quien ya había reporteado antes), como periodista. Nada ilegal en ello. Y me imagino que delicado a más no poder en términos de riesgo. Pero no ilegal, según me explican abogados a quienes también he consultado.

Ahora, el lado ético del asunto. Tremenda situación. Kate abrió la puerta al escribir hace dos años esa carta abierta a El Chapo. Las intenciones no eran malas. Las consecuencias, inconcebibles. Las opiniones furiosas e intensas, aunque también hubo mucho apoyo para Kate, pero me parece particularmente imposible pensar que ella sabía cómo encontrarlo en cualquier momento. Si fuera periodista y no actriz, me pregunto si la discusión sería la misma. Y ni le entro a la materia de "si fuera hombre y no mujer", porque se me viene encima otro mundo que nada tiene que ver con la materia, como me ocurrió en Twitter.

Pero aquí el asunto que nos corresponde: ¿Por qué los temas de mayor impacto de nuestro país acaban siendo reportados por una revista de música y tratan con un actor, una productora/actriz y un narcotraficante? ¿Dónde está la verdadera influencia en nuestro país estos días? ¿Quien tiene acceso a qué? ¿Que peligros y responsabilidades trae la fama? Después de 24 horas de insultos, amenazas de muerte y agravios para Kate, Sean y todos los que se han atrevido a opinar algo que no sea sacrificarlos en un foro público, no me puedo imaginar para qué querría alguien ser famoso. ¿Para recibir flores y un mundo de complicaciones por parte de El Chapo Guzman?

@SusanaMoscatel