Estado fallido

Mi "hay guache"

Ahora que la tecnología nos alcanzó he tenido la oportunidad, como junkie del entretenimiento que soy, de probar algunas de las ventajas y desventajas que vienen con tener un reloj que se conecta a tu celular, que se conecta… ¡pues con todo!

Primero que nada les pido a los fundamentalistas de Android que no se enojen conmigo. Sé bien que ustedes tuvieron relojes casi dos años antes que los afectos a la manzanita. Pero ahora ya estamos parejos y vamos aprendiendo. Aprendiendo mucho.

 Para empezar, el hecho de que mi reloj controle tantos de los programas y sistemas que son parte de mi vida me hacía mucha gracia hasta que vi Terminator Génesis y me di cuenta de que si Skynet se escondiera entre nosotros, yo sería de las primeras que le hubieran abierto la puerta para permitir que las máquinas se apoderen de todo. Y nosotros no solo somos participantes dispuestos a ceder este tipo de control quién sabe quién, sino que pagamos por el privilegio. Ya ni qué. Espero que el apocalipsis no entre a través del sistema iOS. No quiero ser responsable de eso.

Pero en lo que sueltan o no el cataclismo nuclear hay otras cositas que me están perturbando. Antes yo veía con inevitable enfurecimiento cuando alguien sacaba su celular en el cine y mucho más cuando lo hacía en el teatro. Me parecía una terrible falta de respeto ver una lucecita frente a mí, distrayéndome a mí y a los actores de la realidad que se estaba construyendo frente a nosotros.

Pero ahora me descubrí volteando mi muñeca para ver por qué vibraba mi reloj a la mitad de una puesta en escena que estaba gozando mucho. Vi que era un mensaje de WhatsApp. Vi que podía esperar y me tranquilicé. Pero aún así el cuadrito se prendió y, si bien es más pequeño que la pantalla de un celular, seguramente distrae igual. Pero hasta yo, la fundamentalista de la materia, instintivamente consideré inofensivo el acto hasta que lo pensé dos veces. ¿Qué harán los que hasta el iPad sacan?

 La otra es que si bien ya no tengo que sacar mi teléfono de la bolsa cada vez que vibra, ya me da pena explicarles a quienes me acompañan que no estoy aburrida, que no tengo prisa y que no estoy revisando la hora. Simplemente estoy checando el mensaje de Facebook que hizo vibrar mi mano o estoy asomándome a ver si las agencias de noticias que sigo no mandaron algo catastrófico o profundamente relevante a las alertas de emergencia.

 Por último, empiezo a pensar que Siri no me quiere. De hecho, que todo el sistema de reconocimiento de voz de mi reloj se está burlando de mí todo el tiempo. Para presumirle a un amigo que me mandaba un mensaje por Telegram sobre mi nuevo juguetito, le dicté lo que yo creí que era: “Te estoy respondiendo con mi iWatch”. Que la máquina haya decidido que lo que dije fue: “Estoy repitiendo el hay guache” me mandó a otra dimensión de carcajadas. Pero no precisamente a otra era de intercomunicación. Entretenimiento inútil al fin.

¿En serio?

¿Billy Joel se casó de sorpresa? ¿Volverá a componer? ¿Hasta la actual Miss Universo, quien es colombiana, ya le brincó encima a los comentarios de Trump y nuestra espléndida Ximena sigue calladita? 

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