Estado fallido

¿El fin de las Kardashian?

Tal vez el agotamiento ya se apoderó de todos nosotros. Al menos de los que nos dedicamos a esta fuente, y sé que muchos  nos identificamos de verdad con el megaberrinche que hizo al aire el conductor John Brown, de Fox News, cuando le contaron al aire una absurda historia más de la familia más vista en la televisión del mundo entero. Gritaba desesperado: “¡No me importa! ¡Estoy teniendo un buen viernes? ¡Ya no lo soporto!”. La explosión televisiva ya ha tenido más de 3 millones de reproducciones en YouTube y sigue creciendo.

Eso no es todo, la herramienta virtual de KardBlock, que sirve para evitar todo contenido de estas mujeres y sus parientes ya se puede conseguir en internet, y aunque varios blogueros de chismes han prometido unirse a esta muy rebelde tendencia, no lo logran, porque ocurren cosas muy importantes, como que Kendall Jenner, la hermana de Kim e hija de Cait  (por cierto, odio saber eso) se compra un conejo o alguna de las hermanas se pelean con la otra o el ex de una de ellas aparece en un antro en Las Vegas para que le paguen por estar en una fiesta.

¿Será posible parar este tren? El hecho es que a pesar de lo mencionado, la gente sí está interesada. Cuando se sube a la red un extraordinario reportaje de teatro, por ejemplo, son miles y miles de visitas menos que a la foto de una desnuda Kim, posando al lado. Los ratings de la red no son negociables. Son números duros. Y desde Caitlyn hasta Khloe los generan fácilmente, como nada.

La cosa es preguntarnos si es que en estos tiempos de absoluto nulo span de atención, pero absoluta obsesión con lo más frívolo, seremos capaces de tener otro tipo de prioridades como público. A nivel individual, incluso a nivel editorial para algunos periodistas podemos decir “ya fue suficiente”, pero el voraz interés por lo que pasa en esa familia es completamente irrefutable.

Así que apelo a ustedes, queridos lectores, a que si quieren dejar de ver esas cosas por todos lados tomen en cuenta que está por completo en sus manos. Y es un buen ejemplo para aplicar en general a lo que es la información del espectáculo. Está más que confirmado por varios estudios científicos que los humanos estamos genéticamente predispuestos a ser chismosos.

Eso es porque desde los tiempos de las cavernas los que más sabían de los demás eran los que sabían con quién juntarse para protegerse de las fieras salvajes y de los depredadores. Y así nos fuimos reproduciendo, hasta ser quienes somos hoy.

Así que nuestro deseo por saber qué pasa con esta familia de freaks del circo llamado Beverly Hills (y me refiero a su comportamiento) confirma nuestra calidad cavernícola en cierta forma.

Nos da placer, a pesar de que entendamos lo absurdo que es. Está bueno, pues. ¿Pero a poco nunca habrá fin del fenómeno? ¿No habrá forma de superarlo jamás? Muchos parecen estar de acuerdo en que ya es momento de ver hacia un futuro libre de todo lo Kardashian.

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