Estado fallido

“¿Qué hago con ustedes?”

Ayúdenme, por favor. Llegando a la redacción de ¡hey! y equipo de extraordinarios reporteros, casi todos ellos millennials, me presentaron la información que por primera vez en la historia el streaming había superado la venta de música en formato físico a escala mundial. No estamos hablando solo de Estados Unidos o incluso México, donde eso ya llevaba un rato ocurriendo, no. Se refieren a países que difícilmente tienen máquinas de escribir (cual MP mexicano), mucho menos computadoras o wifi. Pero ahí están los promedios, los números y es una realidad.

El otro dato impactante es que por primera vez desde 1998 la venta de música subió en general a escala mundial. Claro, el mundo digital cobra su tan merecido trono.

Me entero de todo esto mientras estoy viviendo una transición personal necesaria, pero radical. Como a todo mundo, me llegó el momento de vaciar la casa en la que quedaban todos los objetos que coleccioné mientras crecía y que al, supuestamente, progresar al mundo adulto se habían quedado en casa de mi padre.

Hoy la casa está vacía simplemente con cajas y cajas y cajas llenas de cd. Los veo, los revisito, los acaricio. Me acuerdo de cada aventura que fue en su momento conseguir los más extraños de ellos. Cómo estábamos dispuestos a esperar semanas para que Mixup nos consiguiera un musical en particular que difícilmente encontrabas en Nueva York.

Mis ediciones especiales de todo lo que tuve en vinilo (esos también están ahí y serán rescatados) pero luego en casete y más adelante en cd. ¡Bueno! Fui de las ocho incautas que se enamoraron en su momento del formato del minidisc, solo para llorar ríos cuando Sony decidió desaparecerlo.

Literalmente miles de cd. Todos con algún significado, todos ocupando demasiado espacio. Todos con una cantidad infinita de música que ya cabe en mi teléfono. Se llama shock generacional. Algunos me gritan: "No te deshagas de ellos". A otros (los más pequeños) solo les causa gracia ver mis cajas y mi incertidumbre. Pero a diferencia de otros formatos aquí no vemos vuelta para atrás. Y ya no tengo los kilómetros de repisas ajenas que ser hija de alguien que siempre comprendió el amor por la música tuvo a bien de proveer con mucho esfuerzo.

Así que les pregunto, ¿debo hacer como dice Bono y simplemente walk on (seguir mi camino)? ¿Aferrarme a esas inútiles cajas dentro de cajas que significan años de aventuras, emociones, crecimiento y esfuerzo.

Yo nunca tuve problema en adaptarme a la era digital. De hecho la amo en casi todos los sentidos. Pero aquí confieso que el corazón se me rompe un poco. Es hora de buscar nuevos tesoros, supongo.

¿En serio?

¿Un lápiz labial basado en Selena? ¿Llamado Como la flor? ¿Qué no tiene el menor ápice de vergüenza la familia Quintanilla?


susana.moscatel@milenio.com