Estado fallido

De dos en dos

A menos que cuenten a La Tucita como la primera de tres que se nos fueron esta semana, yo comienzo a pensar que ese dicho “que siempre falta el tercero” no está del todo atinado. Hay veces que cuando son de dos en dos es más traumático y ahí les van tres casos muy específicos que nos sacuden, sobre todo, a los que tenemos que reportear y tratar de ordenar en prioridades periodísticas la relevancia de las muertes.

La madre Teresa de Calcuta y la princesa Diana. ¿Se acuerdan? Evidentemente no debería haber existido duda de a quién le pertenecían los titulares esos complicados días, pero por mucho Lady Di se llevó la gran mayoría. Quizá ella era controvertida, pero de ninguna manera un personaje oscuro, pero la indignación que provocó el interés masivo respecto a la muerte de la princesa nunca dejó de atormentar a quienes tuvieron que tomar esas decisiones editoriales.

Brinquemos al 5 de junio de 2009. En la mañana, millones de hombres que descubrieron sus hormonas en los años 80 se encontraron en estado de luto al saber que había muerto su ángel de Charlie perfecto: Farrah Fawcett. Pero unas horas después cambió la nota, la historia sería otra por siempre ya que Michael Jackson había fallecido. De repente, de la nada, todos corríamos desesperados para confirmar algo que sabíamos que sería parte de la historia. Teníamos razón. Pobre Farrah, pero sin duda ese día los 80 murieron más que un poquito.

Y luego vino este jueves. Por la mañana nos enterábamos de que Gustavo Cerati había dejado de existir. Muchos argumentarían que después de pasar cuatro años en estado de coma eso ya había pasado, pero la verdad es que igual pegó y pegó duro. Poco más de una hora después llegó la otra noticia. Moría la comediante Joan Rivers después de haber sufrido una crisis cardiaca durante un procedimiento sencillo la semana pasada. ¿Qué que tienen que ver las dos figuras? Absolutamente nada. Excepto que cuando la revista Rolling Stone de Estados Unidos mandó su boletín de lo ocurrido en el día, la nota principal no era la muerte del líder de Soda Stereo, sino la de la octogenaria comediante que tanto nos hizo reír. Y enojar.

Ya le dedicamos toda una columna a Rivers cuando se puso mal, exactamente hace una semana, pero sin la menor duda ella era la perfecta definición de alguien sin filtro, a quien no le importaba un demonio lo políticamente correcto. Eso, para muchos, la volvió una verdadera estrella de rock. Sí, rock culposo, pero brillante e iconoclasta. Puedo decir, sin temor, que murió la comediante que más me hizo reír en mi vida. Y, aunque esto es cuestión de opinión, la más valiente de todas. ¿Sus sucesoras? Posiblemente Sarah Silverman y Kathy Griffin. Ya veremos.

¿En cuanto a Cerati? ¿Qué puedo decir que no se haya dicho? La voz de una generación. De los pocos que verdaderamente han hecho rock indestructible en español. Ídolo por los motivos correctos. Con canciones que trascenderán nuestras propias memorias y llegarán a muchas generaciones más. ¿Qué más puedo decir? Que los que lo amaban, aunque aún se aferraban a la esperanza, en cierta forma sienten paz de que al fin descansó, de que al fin pasó el temblor.

Días como ayer no se olvidan nunca. Sobre todo para los que correteamos la información momento a momento y de pronto nos detenemos para sentir el lado humano de las cosas. Es un sentimiento muy poderoso.

susana.moscatel@milenio.com