Estado fallido

¿Qué le dijeron, Spacey?

Así le ha de haber ido a Kevin Spacey en su Twitter. A que no sabía cuántos mexicanos lo seguían hasta que se le ocurrió decir que era un gusto conocer a un hombre como el presidente Peña Nieto, quien había logrado tantas cosas en su primer año en el poder. ¿Se imaginan todos los que se le han de haber apersonado? ¿Los mensajes de los bots de izquierda que le han de haber llovido como cascada? ¿Las legítimas quejas de los ciudadanos furiosos porque uno de los mejores actores del mundo pareciera haber estado apoyando a un presidente controvertido?

¿Pero se habrá dado cuenta de que, al decir que era Frank Underwood, su personaje en House of Cards, quien apoya a Peña Nieto y no él, hizo un editorial todavía más contundente que el primero? Me pregunto si la bancada perredista del senado ya está pensando en invitarlo, como lo hicieron con Alfonso Cuarón, ahora que Spacey se distanció de todo diciendo que todo era un chiste que nadie entendió. No sé si no se entendió el chiste, pero yo no dejo de reír.

Estrellas en las tablas

Han sido días verdaderamente interesantes en las calles aledañas a la séptima avenida en Manhattan. Los teatros están llenos de estrenos, reestrenos y sobre todo figuras de altísimo calibre que deciden seguir trabajando en las tablas a pesar de dominar las pantallas. Bryan Cranston, por ejemplo, terminó Breaking Bad con Godzilla de frente. Pero uno de sus más grandes retos fue tomar el escenario con la obra política de All The Way, donde interpreta al presidente Lyndon Johnson. Lo único que puedo decir es que estoy segura de que la interpretación es mucho más interesante que el personaje original, a quien sí le tocaron grandes momentos históricos, pero logró sacarlos adelante con el encanto de un cactus a punto de morir. Cranston es un monstruo maravilloso, no importa dónde lo pongas.

Sin duda ver a Neil Patrick Harris interpretar a un transexual sufriendo los estragos emocionales de una operación mal hecha en Hedwig and the Angry Inch es una experiencia que no se repetirá. Este actor lo puede hacer todo. Hasta transportarte al corazón del personaje que vive musical y apasionadamente todo el doloroso trayecto de traiciones, desamores y decepción. Pronto saldrá el disco de esta producción y de verdad si son fans del teatro musical, no se lo pueden perder.

Entre varias cosas más, también tenemos a Michelle Williams, quien después de Dawson’s Creek y varias nominaciones al Oscar, toma el Estudio 54 al lado del glorioso Alan Cumming para la reposición de la versión de Cabaret que montó Sam Mendes a finales de los noventa. Alan es para llorar del placer, solo por verlo parado ahí como el maestro de ceremonias. Michelle le rinde un lindo tributo a Liza Minelli, lo cual hubiera estado de lujo de no ser porque muchos aún tenemos el recuerdo de Natasha Richardson, que en paz descanse, apropiándose de ese papel con energía salvaje y sin pudor. Me hizo falta.

Y luego está la verdadera gran estrella que Broadway le ha dado al mundo, Idina Menzel, a quien si no reconocen por nombre, sin duda alguna han escuchado como la voz del gigantesco éxito de Frozen, “Let it go”. Los que amamos aunque sea tantito el teatro musical también sabemos que ella originó el papel de Elphaba en Wicked y a Maureen en Rent. Es justo eso, como una segunda parte de Rent, con todo y director y coestrella incluidos, que es If/Then. Canciones para morirse de la emoción, sobre todo cuando las canta Idina. Pero sin la fuerza necesaria para ser el nuevo gran clásico que tanta falta hace en el teatro.

susana.moscatel@milenio.com