Estado fallido

Dos cuerpos traicioneros

Nueva York es el mejor lugar para las casualidades, y como hay más de una razón estos días para hacerme pensar que éstas no existen sin tener una razón de ser, quisiera compartir la experiencia de ver dos obras de arte, una después de la otra que me conmovieron hasta las lágrimas y que, extraordinaria y extrañamente tienen mucho en común: una de ellas es la obra El hombre elefante y la otra la película La teoría de todo.

¿Qué tienen que ver las historia de John Merrick (El hombre elefante) y la de Stephen Hawking (celebré científico)? Pues uno pensaría que poco, pero ambas son historias en las que seres humanos son traicionados por su cuerpo, a pesar de tener tanto que ofrecer al mundo. En el caso de Merrick, interpretado ahora en Broadway por Bradley Cooper, el comentario parecería tener más que ver con la belleza interna, pero eso es demasiado simple. Cierto, pero simple. También tiene que ver con la manera en la que nos vemos reflejados en los demás. En cómo una palabra o un acto amable puede cambiar una vida y en la manera en la que el freak puede acabar siendo el más humano de todos nosotros. A pesar de cualquier deformación física. A pesar de la ignorancia de los demás. Todo un legado el de John Merrick ,que ahora se pondrá de moda otra vez gracias a Cooper y a la gloriosa Patricia Clarkson, pero que para miles de nosotros siempre le pertenecerá a los Fábregas. A Rafael Sánchez Navarro, sin duda (1981) y a don Manolo.

Saliendo de esta nueva, grata y un poco dolorosa experiencia de El hombre elefante fuimos al cine a ver Lateoría de todo. Es la historia de Hawking, sí. Pero el ser humano. El que se enamoró. El que se enfermó. El que encontró la manera a través de los seres que lo amaban, en particular su primera esposa, Jane, de que el mundo no se perdiera de algunas de las teorías más importantes respecto a la ciencia, el tiempo, el espacio y nuestra existencia misma.

Hace un par de meses todos hacíamos el Ice Bucket Challenge para crear conciencia sobre esta enfermedad que deja la mente intacta, pero que hace que el cuerpo deje de responder al grado de no poderse comunicar. En el caso de Hawking, pero por primera vez, después de ver la cinta que se estrena a principios de 2015 en México, pude siquiera comenzar a vislumbrar el triunfo que es la vida de este hombre. Y también es hora que el mundo ya se sepa el nombre del actor Eddie Redmayne (Marius en la película de Les Miserables), quien lo interpreta en todo este proceso. Tiene razón mi compañero Omar Ramos (y lo digo con dolor) Eddie le podría quitar el Oscar a Michael Keaton en una de esas. No lo creo, pero podría y no me quejaría tanto.

La cosa es esta: las mejores historias quizá tienen que ver con la manera en la que nos sobreponemos a las adversidades más extremas que la vida pone en nuestro camino. Y ahí están en el teatro y el cine para que pensemos en ellas. Oye, Rafael Sánchez Navarro, ¿lo harías otra vez?

¿En serio?

¿Seguimos preguntándole cosas de historia a Cristian Castro? ¿Sabrá qué se celebra el 25 de diciembre? Hay que querer al bato.  

susana.moscatel@milenio.com