Estado fallido

Ya no son cuentos

Estoy parada en el centro de convenciones de Las Vegas, Nevada, con cara de niña el primer día de la secundaria. Sabía que esto tarde o temprano tenía que pasar, pero nunca me imaginé que acabar en el Consumer Electronic Show (CES) fuera una experiencia fundamental cuando empecé a cubrir espectáculos, hace ya muchos años. Pero ahora, un poco entre risas y en estos tiempos que se distinguen porque el apagón analógico se llevó a Chabelo, debo preguntarme: ¿Qué es más importante? ¿Que los grandes productores de tecnología están haciendo aquí sus más recientes anuncios respecto a contenidos que serán vistos a escala mundial? ¿O a quién eligió Reynaldo López para salir en la nueva versión de Hoy?

¿A mediano plazo qué va a ser lo que importara en el entretenimiento? ¿Seguirá ganando lo barato, chafa y accesible o un aparato que cuesta razonablemente poco y que nos dé en audio 34 veces mejor calidad que un MP3 cualquiera?

En lo personal acabo de reencontrarme con mi colección de discos (vinyles) que coleccionaba de niña y una semana después veo que pronto se venderá un tocadiscos (consola, pues) que no solo va a reproducirlos, sino que me los va a guardar con una altísimo calidad para la posteridad. No quepo de la emoción y no tengo ni idea de cuándo tendré ese aparato en mis manos (mucho más avanzado y a mejor precio de lo parecido que ya existe en el mercado). En tiempos de nostalgia la tecnología parece estar esforzándose por recrear, de la manera más práctica posible la autenticidad.

Escribo esto en mi teléfono móvil mientras veo a un grupo de aproximadamente 50 personas bailando y brincando en un concierto en el que solo están ellos. Es realidad virtual con música. Conciertos silenciosos, a la medida y ya muy populares en muchos lugares del mundo. Sobre todo donde no se puede hacer ruido después de las 11 de la noche. Pero una marca de teléfonos y audio ya los perfeccionó y saldrán de gira por el mundo. Me dicen que con todo tipo de género musical. Será accesible para todos, aseguran.

Más tarde veré los televisores tan delgados que parecen pósters y ahora voy a ver qué más trama Netflix. Y apenas llevo dos horas en este lugar. Veré la serie de televisión que amo cuando llegue a casa, porque no dependo de un horario que mande al televisor. Todo esto ya lo sabíamos. Ya se veía venir. ¿La diferencia? Estoy parada en el lugar donde ya llegó. Y en los próximos 12 meses, aproximadamente, todo esto estará disponible para el mundo entero. Este planeta de maravillosos y brillantes personajes que algunos llaman geeks y otros nerds, quienes ya se volvieron a apoderar del mundo en lo que William Levy vendía papitas.


Twitter: @SusanaMoscatel