Estado fallido

La madre de todos los conciertos y la reventa legal

Tiemblo de la emoción y del coraje anticipados. Sé que el 9 de mayo decenas de miles de nosotros estaremos picando el botón de refrescar en nuestra computadora para poder conseguir boletos para Desert Trip, el concierto que reunirá a los Rolling Stones, Bob Dylan, Neil Young, Roger Waters, Paul McCartney y The Who. El porqué de la emoción es bastante evidente. El coraje es que ya lo veo venir: la reventa posiblemente más inflada en la historia del rock.

 Muchas bandas o cantantes son muy cuidadosos para que sus verdaderos fans siempre encuentren algún mecanismo para lograr verlos, tarde o temprano. Rifas, clubs de fans, eventos especiales, etcétera. Pero la verdad de las cosas es que todos sabemos que esta es la última vez que va a ocurrir algo así, y a partir del 7 de octubre hay que estar en Indio, California, a como dé lugar.

 ¿Saben lo único que me deja remotamente tranquila? Que abrieron su propia página para vender estos boletos, en diversos paquetes de 199 dólares para un día, 399 para tres y hasta mil 599 para todo con acceso VIP (¿A Dylan le habrá gustado esa idea?). Espero que sepan el tráfico virtual que se les viene encima. Si bien no es un concierto para millennials, los rucos también dominamos el fino arte de dejar más que la hipoteca de nuestra casa en las compras de impulso por internet. Y esta se antoja como pocas.

 Mi tranquilidad viene de la esperanza de que no se vuelvan codiciosos como lo ha hecho Ticketmaster en Estados Unidos en los más recientes tiempos, con lo que es su sistema de reventa legal. ¿Qué han hecho? Pues para competirle a sitios como StubHub optaron por abrirle la opción a los usuarios para revender sus boletos según la oferta del mercado demande. Capitalismo perfecto. Excepto que ahora todo es infinitamente más caro, porque si algo tiene público, sin la menor duda los revendedores no profesionales ahí estarán, en sus computadoras, esperando a que llegue un momento desesperado y soltar unos precios tan insólitos que solo un fan desesperado (y con dinero) pagará.

 No está ocurriendo solo con la música. En Broadway, por ejemplo, antes un boleto no te podía costar más de 140 dólares en taquilla o Telecharge. Luego se dieron cuenta de que había mercado para los boletos premium y los dejaron ir a 350 dólares aproximadamente. Hace años que el teatro en Nueva York no tenía un éxito como lo es el musical Hamilton (ya les contaré más) y si uno busca un boleto para este fin de semana el precio promedio es de 900 dólares (si le va bien a uno) y no precisamente los mejores lugares porque esos estaban a 3 mil 200. ¿Hay quien los paga? Evidentemente. Es una curva de oferta y demanda. A veces no se irán, pero olviden comprar un boleto a la antigüita por un precio razonable. Los revendedores se hacen ricos y los productores tienen garantizada su producción por años. ¿Y el público, apá?

 Volviendo a Paul McCartney, hace unos meses traté de verlo en Nueva York en un viaje de trabajo de última hora. El Ticketmaster gringo me mandó a su reventa y conseguí un boleto a razonablemente buen precio. Me subí a mi avión un día antes feliz de que vería al Beatle, pero cuando llegué había un mensaje en mi correo: “Sentimos mucho las inconveniencias, pero detectamos algo raro con su vendedor”. Semanas después me devolvieron el dinero y esa noche fui al cine. Enojada, muy enojada.

Así que veremos cómo nos va el lunes con estas enormes leyendas y su (¿último?) viaje por el desierto juntos. Interesante, al menos, se va a poner la cosa.

¿En serio?

¿Dieciséis nominaciones para la obra Hamilton en los premios Tony? ¿Y no hay forma de ver la méndiga obra? ¿Lo que Broadway esperaba más que nada en la vida era un maravilloso musical histórico construido con hip hop?

susana.moscatel@milenio.com