Estado fallido

"La chica fácil"

Hace un año no nos cansábamos de escribir y decir que estábamos en la nueva época dorada de la televisión y que ésta se caracterizaba porque había nuevas plataformas para traernos los programas. Este año eso quedó más que comprobado y, aparentemente, aceptado por todos. No solo por las nominaciones para las series de Netflix y los nuevos grandes formatos que ya podemos ver en la pantalla chica, y que ni en el cine existen ya, sino por grandes chistes, como los del conductor de los Emmy, Seth Meyers. “Eso de que MTV le siga dando premios a los videos es tan ridículo como si los Emmy le dieran premios a los programas que se hacen para internet”, dijo casi en la apertura de los galardones a lo mejor de la televisión.

 Remató dando otro extraño, pero elocuente elogio al medio. “La televisión es accesible y no te exige nada. Siempre ha sido como la chica fácil del entretenimiento”.

La mejor tensión de la noche fue ver si Matthew McConaughey ganaría el Emmy, logrando el Premio de la Academia y el galardón de la televisión el mismo año. Y nadie lo dijo mejor que Jimmy Kimmel: “Acabas de ganar un Oscar hace cinco meses. Sin ofender, pero cuántos de esos discursos debemos aguantar”. Finalmente no fue así, y no creo que nadie se haya quejado. Se lo llevó el maravilloso Bryan Cranston en su despedida de Breaking Bad.

Nadie dudó que uno de los momentos más tristes, pero dulcemente esperados de la noche, fue el homenaje que Billy Crystal encabezó para su amigo del alma Robin Williams. Simplemente conmovedor, sencillo y perfecto. Los productores prefirieron salir a corte con las luces abajo en lugar de mostrar la ovación de pie que se llevaba a cabo en el auditorio, pero el sentimiento fue transmitido a la perfección.

Entre los adelantos  de los programas que vienen se me antoja mucho la nueva serie que presentaron: Selfie. Es, evidentemente, una comedia que toma nuestras realidades actuales, digitales e instantáneas para contar la historia de una mujer un tanto desconcertada. Puede ser o grande o un absoluto fiasco, porque se tienen que apurar antes  de que la realidad los supere. Y los fans de Batman ya tiemblan con Gotham. ¿Valdrá la pena un giro más al pasado del atormentado héroe? Bueno, en Smallville vaya que funcionó.

Pero regresando a la transmisión. ¿Les digo una de las cosas que más me gustan de todo este asunto? Que Warner Channel reúna talento como el de Álvaro Cueva (no existe nadie que sepa más de la materia. Nadie) y sus excelentes traductores Iliana Rodríguez y César Cardoza, para hacer fluida la transmisión para todo Latinoamérica. Pero, sobre todo, que transmitan una ceremonia que inevitablemente va a acabar premiando a la competencia también. Eso es primer mundo. Eso es saber hacer y amar a la televisión y no temer al de enfrente. Eso es lo que nunca hemos tenido en nuestras ceremonias de premios.

¿En serio?

¿Orange IsThe New Black no ganó nada? ¿¡Nada!? 

susana.moscatel@milenio.com