Estado fallido

La carta de Scorsese

La vi en el muro virtual de un amigo y me encantó. Era una carta de Martin Scorsese a su hija Francesca diciéndole que la era del cine tal y como lo conocimos está terminando, pero que sin embargo el futuro es muy alentador. ¿Por qué? Por el hecho de que es la primera vez en la vida que se pueden hacer cintas con muy poco dinero y esto le va a dar la oportunidad a muchos de trabajar en esto. Pero algo queda destacado y como prioridad: lo que siempre seguirá importando es lo que se cuenta y cómo se cuenta, aunque las maneras técnicas de hacerlo cambien y se vuelvan hasta más democráticas.

Leí esta esperanzadora carta de un ícono que se rehúsa a perder la vigencia y de ahí me fui a ver su más reciente película El lobo de Wall Street. Es increíble Scorsese, quizás junto con otros cinco cineastas del mundo; son parte de la huella genética de cada uno de lo que hubieran sido los 24 cuadros por segundo en otros tiempos. En otras palabras, es imposible no reconocer una cinta de Martin desde sus primeros momentos. Y debo decir que siempre me hace sentir una gran emoción cuando sé que las siguientes tres horas de mi vida serán ocupadas por esa mente que no para ni por un instante a la hora de estar creando algo brillante.

 Esta cinta ha tenido detractores. Algunos consideran que es demasiado larga. En lo personal no me lo pareció, porque no perdió mi atención ni por un instante. Pero entiendo cómo podría llegar a ser cansada. La otra gran crítica que este Lobo ha recibido tiene que ver con que pareciera que está enalteciendo a un criminal que sí existe en la vida real. La verdad, no podría importarme menos. Yo no soy jurado en el caso de Jordan Belfort y aunque sí le tengo cierto repudio a las ratas de Wall Street, me interesa ver cómo, de manera desquiciada y sin pausas, me pueden llevar a vivir en la mente de uno de ellos. Y hasta sentir empatía entre risas de incredulidad.

 Hoy Leonardo DiCaprio tiene la chamba de DeNiro o incluso de Liotta. ¿Y quién iba a pensar que Jonah Hill sería el nuevo Joe Pesci? Pero a Scorsese nadie lo reemplaza, nadie (aunque hay muchos que pensamos que David O. Russel si tomó uno o dos de sus trucos para su Estafa americana).

El punto es que con El lobo de Wall Street, el creador de Buenos muchachos demuestra que sigue con todo y que no le teme a la controversia. Ni al trabajo duro. Los movimientos de cámara, los detalles en los personajes, el enajenamiento colectivo que captura dan miedo porque no son imposibles de entender. Sabemos qué pasa y sigue pasando en los lugares donde la codicia manda y los débiles desaparecen. Tiene razón Martin Scorsese en lo que le dice a su hija: “Las herramientas no hacen a la película. Tú haces a la película. No hay caminos cortos para nada”. Vaya que él no lo hace. Y vaya que sigue valiendo la pena cada vez que ocurre.

 Me pregunto

¿Cristian Castro? ¿Genio de la autocrítica o maestro de la comedia involuntaria? Usted decida.  

 susana.moscatel@milenio.com