Estado fallido

Lo bueno de (casi) irnos al Mundial

Mientras que muchos celebran esos inusitados goles como una especie de regreso de los muertos vivientes en términos pamboleros, hay una serie de personas que tiene mucho más que festejar que el simple hecho de que un balón pasó por la portería. Está muy bien que tengamos una gran historia de resurrección potencial ante la ignominia certera. También está muy divertido que los grinches oficiales tengan de qué quejarse (mi favorito: “Cómo no le íbamos a ganar a un equipo que solo sabe jugar rugby”). Pero está todavía mejor, infinitamente mejor, saber que una cantidad muy importante de personas no va a perder su trabajo, como ya estaba prácticamente previsto para el año que viene.

Muchos, instalados en ese perpetuo sarcasmo que necesitamos para sobrevivir en un país surrealista como el nuestro, rápidamente anotaron que los más felices serían los empresarios, particularmente Carlos Slim, por lo que ahora valen esos derechos de transmisión. Sin duda. Pero también está ese enorme número de profesionales de los medios: editores, productores, reporteros, redactores, camarógrafos y más quienes tienen ligeramente más asegurada su chamba el próximo año. Tan fácil como esto, sin México en el Mundial los presupuestos de publicidad se ven heridos de manera prácticamente irrecuperable. Casi todas las proyecciones para 2014 en radio, televisión, medios impresos y hasta internet están sustentados en el dinero que entraría por el Mundial de 2014. ¿Saben quiénes pagan los platos rotos cuando no hay goles? Los trabajadores. Antes que nadie. Esto al menos es una especie de respiro que esperamos que se logre sustentar en Nueva Zelanda. Ya sé, qué presión para los jugadores. Pero es un hecho. El futbol no es solo un juego. Así se inventó este sistema.

La apuesta de Stiller

La próxima semana estará Ben Stiller en México promoviendo lo que es sin duda el proyecto más importante de su trayectoria por varios motivos. La cinta se llama La increíble vida de Walter Mitty y llegará a México este diciembre. Después de grandes éxitos como Los Fockers, Loco por Mary y Zoolander el actor perfectamente podría relajarse y tomar la misma ruta segura que Adam Sandler, (quien intentó superarse con Punch Drunk Love, pero fracasó), sacando una tras otra película de fórmula garantizada para que el menos exigente, pero más numeroso de los públicos, siga llenando las salas de cine.

En lugar de eso Stiller retomó la idea original de un muy corto cuento escrito por James Thurber y participó como actor y director (y más) en la adaptación cinematográfica de la historia de un hombre que vive en el plano de la fantasía. Uno de los más hermosos aciertos de la adaptación tiene que ver con la idea de situarlo en la redacción de la extinta revista Life, justo en el momento en el que la publicación por excelencia de imágenes del mundo está haciendo la transición a lo digital, volviendo obsoleto el trabajo de cientos de personas, de un día para otro. ¿Quién no se ha sentido así? ¿Quién no ha soñado con meterse a esas fotografías (o al o que sea que nos inspira) para superar una realidad gris? ¿Quién se atreve a ir más allá? En esta ocasión, sin la menor duda Ben Stiller lo hizo. La película me pareció un triunfo y se agradece el deseo de este actor de venir a nuestro país a compartirla directamente con nosotros.