Estado fallido

Bienvenido Trump; mi sueño guajiro


Es un frío día de enero y el Capitolio está a reventar. Miles y miles de personas esperaron horas para ver a su nuevo presidente. De pronto comienza a sonar una especie de alarma y se escuchan los icónicos acordes de uno de los éxitos más oscuros y legendarios de Billy Joel, “Miami 2017”.

El Piano Man aparece abrazado de Bruce Springsteen, quien por fin admitió que le pidió a su banda de cóvers que se retirara del evento político para poder estar presente él mismo, y compensar por no haber dejado que Trump usara su éxito “Born to Run”, durante la campaña.  Mientras los músicos de Jersey entonan la canción apocalíptica (que Joel ya había tocado en vivo antes, durante los conciertos por Nueva York después de los atentados de 2001). De pronto aparecen en el podio Trump y Melania. Ella elegantemente vestida por el diseñador y director de cine Tom Ford (quien había enfurecido al magnate al decir que no haría nada de ropa para ella) con una pieza inspirada en su dulce película de obsesión y tragedia Animales nocturnos (véanla, por cierto, es una joya).

 Ante la incredulidad de los presentes al ver que todo Hollywood optó por aparecerse para aplaudirle a su nuevo mandatario naranja, de pronto se escucha la voz del hombre del momento, cuyo cabello ha sido sensualmente alborotado por el habitual viento del lugar, logrando efectos que cautivarán e inspiraran a artistas abstractos por décadas y décadas.

 Es un día de fiesta en Washington y el mundo entero está pendiente y en un momento él abre la boca. “No tenemos nada que temer más que al miedo en sí”. El mundo se detiene. ¿Está Trump citando a Roosevelt en este momento o decidió ocupar al mismo escritor de discursos que trabajaba para su esposa en la campaña? Un momento de silencio y lo intenta de nuevo: “No pregunten lo que su país puede hacer por ustedes, sino lo que ustedes pueden hacer por su país”. Silencio total.  La tercera es la vencida: “¡¡¡En vivo, desde…. eh, Washington, es Saturday Night Live!!!”.

Y sí, justo en ese momento las cámaras se atreven a hacer el tan temido close-up (cosa de valientes con tanto HD y 4K) y así, nos damos cuenta de que es Alec Baldwin, comentándonos que Donald Trump no pudo llegar, porque Donald Trump no existe. Desde su primer momento fue un experimento social, inventado por un extraño organismo multinacional y alimentado, sin que ellos lo supieran, por los medios de comunicación, con la finalidad de analizar qué tanto está dispuesta a aceptar una sociedad. El experimento ha llegado a su fin en ese momento, ya que los científicos, sociólogos y productores de televisión han demostrado que no hay límites en la tolerancia humana a la agresión, a los grupos vulnerables. A la cosificación de la mujer. Al muy claro mensaje que es: “Mientras yo estoy bien, que los demás se jodan”. Todo se detiene.

Alec anuncia que todo esto será transmitido en una impresionante coproducción entre el tan esperado regreso de La dimensión desconocida, la aterradora serie Black Mirror y el regreso a la vida de Stanley Kubrick, quien estuvo escondido desde 1999 para trabajar en esto, su obra maestra. Alec nos informa que en lo que organizan otras elecciones, Michelle Obama será la tutora de Mike Pence para evitar desfiguros contra ciertas comunidades a las que nunca ha sido muy afín y termina el show. Todos salen del lugar y corren donde haya buena recepción en sus celulares o mejor aún, un buen wifi. El primer capítulo de toda esta debacle lo subirán a la red en media hora. Fin.

 Ok, no. Nada de esto es cierto. Pero no hay absolutamente nada que haya escrito aquí que pueda superar a la realidad inverosímil que se nos viene encima. Pero, quizás hoy, por última vez, se vale soñar un poquito. Suerte a todos. ¡Comenzamos! 

Twitter: @SusanaMoscatel