Estado fallido

Algo apesta

En días como estos resulta algo complicado ser un periodista de espectáculos. De ninguna manera comparo lo que nosotros vivimos frente a lo que nuestros compañeros de las fuentes de política o seguridad (mi admiración y respeto hacia ellos son infinitas), pero a todos nos toca entender que hacer nuestro trabajo requiere de una responsabilidad muy delicada en estos momentos.

A veces parece que la consigna es que el reportero de espectáculos debe ser complaciente con lo que quiere la mayoría, o al menos con los que más ruido hacen, más rating dan o más movimientos en redes sociales generan. Pero las reglas no cambian, porque tenemos un sistema político bastante emproblemado, que optó por hacer de algunos famosos los protagonistas de los escándalos en el círculo del poder.

Es muy fácil pensar que se siguen aplicando las mismas reglas de siempre. Que no debe haber rigor periodístico si se trata de famosos (error). Y para ser un reportero o comentarista popular hoy en día es demasiado sencillo subirnos al tren de “acabemos con ellos” por varios motivos. El más sencillo y menos perverso de todos es porque resulta que es muy divertido.

¿Es imposible en estos tiempos de memes, no llorar de la risa con el Taj Mahal como casa de Chabelo y a Anahí amenazándonos que ella va para el 2018 y “que nos agarremos, porque ella está en Televisa desde Chiquilladas”? Eso es, sin duda, entretenimiento. Y sin la menor duda, en la mayoría de los casos, ideado por alguna persona que no tenía más que una sana y divertida crítica que hacer después de declaraciones como las que la semana pasada nos ofreció la esposa del Presidente. No reconocer esa expresión de comedia que nace de una profunda frustración por todo lo que está mal en nuestro país sería, en el mejor de los casos, inocente.

Pero también sería inocente solo ponernos a repetir todo lo que aparezca, como pericos, sin siquiera cuestionar el origen, la legitimidad y la intensión del mismo. Por ejemplo, hay un video de Thalía circulando por internet donde ella presume de haber tenido el contrato más caro en la historia de Televisa. Sin que dé la menor indicación de ello es presentado como la respuesta de Thalía a la esposa del Presidente. ¿En serio? Porque ese video lleva años rondando por ahí sin la menor connotación política hasta ahora.

Como periodistas de espectáculos también debemos preguntarnos ¿a quién le estamos sirviendo al repetir estas cosas sin saber el origen de las mismas? Debemos saber para quién trabajamos, caray, y la verdad de las cosas es que la información que fluye por nuestra fuente no es suficiente para entender con claridad los poderes en juego.

¿Por qué nadie dijo nada cuando todos pasaron el video de una mujer gritándole a Sofía Castro que había gente muerta en la misma frase que le gritaban que qué opinaba del asunto de su mamá, Angélica Rivera? ¿Acaso creen que es el mismo tema? (Mismo estiercolero, quizás, pero otro tema) ¿Por qué nadie le pidió en la conferencia de prensa a René Pérez, de Calle 13, que nos explicara la situación que, una vez más, lo volvió el centro de atención por insertarse en medio de una tragedia política en los Grammy Latinos? Y para acabarlo, ¿por qué no se quejaron todos cuando empezaron a vender camisetas en su concierto en México con el tema de los desaparecidos en Ayotzinapa? ¿Todo por vender? ¿Aunque después de ser confrontados la empresa “responsable” dijo que donarían el dinero recaudado?

A lo que voy con todo esto: El dolor y la frustración son enormes. Algo en definitiva apesta hasta los infiernos, pero como periodistas de espectáculos, debemos ser más que cautelosos con lo que hacemos y decimos si no tenemos toda la información, porque, de no hacerlo, caemos en el riesgo de ser usados por quien sabe quién, para quien sabe qué. 

susana.moscatel@milenio.com