Estado fallido

Mi antihéroe favorito

Estaba sentada frente a Sean Robert Leonard hace tres años, en las entrevistas por la última temporada de House y le pregunté: “¿Cómo es que Wilson puede seguir siendo amigo de House?” Él se me quedó viendo y me dijo: “Se me haría raro que no lo fuera. ¿A poco tú no tienes a alguien en tu vida así? Completamente disfuncional, disruptivo, adorable y problemático”. Mi carcajada (y la de todos los demás en el cuarto) dejó muy claro que la respuesta, evidentemente era que sí.

“Ahora, ¿de verdad has podido dejar de ser su amiga –o novia (me dijo mordazmente)– solo por eso?” Ganaste Sean. No pude decir más. Ojalá que todos los seres disfuncionales de nuestras vidas fueran tan brillantes y en ocasiones adorables como el personaje de Hugh Laurie, pero el hecho es que con su interpretación tocó un nervio que por siempre quedará registrado en la historia de la televisión y probablemente de muchas de nuestras vidas.

Ahora que se cumplieron los diez años desde el estreno de House, y ya que existe Netflix, me he aventado toda la serie de nuevo, de corrido sin muchas pausas para asimilar las cosas que le ocurren a los personajes. Y me parece más brillante todavía. Es cierto, hay dos o tres enfermedades que siempre mencionan y luego descartan (Sarcoidosis, Lupus) pero eso es lo de menos. Todos los doctores que conozco me han dicho que los han consultado respecto a la veracidad de la parte médica de la serie (hasta la fecha) y siguen estando de acuerdo que no podrían haber estado mejor asesorados.

Pero a fin de cuentas, nada de eso sería importante de no ser por la personalidad y gran capacidad histriónica de Hugh Laurie, ¿quién mejor que él para ese papel? Ya quedó para la historia en las repeticiones. Y mientras tanto, nosotros celebrando esa década pensando en qué dice de nosotros que adoremos tanto a un hijo del mal como es el enorme Dr. House.

El ciclo de los acusados

 Si el comediante Bill Cosby es culpable de todo lo que se le acusa en materia de abuso sexual y violación contra diversas mujeres, décadas atrás, entonces me parece perfecto que pague el precio. Lo que no puedo entender es cómo los medios de comunicación en Estados Unidos parecen tener una especie de fórmula para que de pronto, en el momento más apropiado para los ratings, salgan estas cosas que llevaban décadas guardadas y de pronto el circo es completamente nuevo.

El caso de Bill Cosby es particularmente grave y triste por dos razones. Él fue el primer rostro afroamericano en una comedia familiar en la televisión durante los ochenta en su país. Por esto mismo se le considera un héroe en lo que a romper fronteras raciales (y prejuicios) se refiere. La segunda es porque justo estos días se planeaban varios homenajes por su trayectoria. Véanlos desaparecer. Y ahora esperan la inevitable acusación de que todo esto es solo racismo en acción. La verdad la saben solo los involucrados. Pero opinión, a veces desafortunadamente, la tenemos todos.

¿En serio?

¿El poder de Taylor Swift ya la llevó a la portada de la revista Time? ¿Igual que a nuestro presidente? ¿Aún existe la revista Time?

susana.moscatel@milenio.com